1999 El comunismo de consejos y la crítica del bolchevismo [Brendel]

Traducido del inglés por Ricardo Fuego (Círculo Internacional de Comunistas Antibolcheviques). Fuente original: Archivo Kurasje, http://www.kurasje.org/arksys/archset.htm

“Supóngase que la dirección central puede distribuir todo lo que se haya producido de una manera justa. Incluso entonces sigue dándose el hecho de que los productores no disponen de la maquinaria de la producción. Esta maquinaria no es suya, sino que es usada para disponer de ellos. La consecuencia inevitable es que aquellos grupos que se opongan a la dirección existente serán suprimidos por la fuerza. El poder económico central está en manos de los que, al mismo tiempo, ejercen el poder político. Cualquier oposición que piense de manera distinta sobre los problemas políticos y económicos será suprimida mediante cualquier medio posible. Esto significa que en vez de una asociación de productores libres e iguales, según lo definido por Marx, hay una prisión como nadie ha visto antes.”

Esta cita, traducción libre de un texto de hace setenta años, explica que las relaciones de producción tal como fueron desarrolladas en Rusia después de octubre de 1917, no tienen nada que ver con lo que Marx y Engels entendían como comunismo. En el momento en que el folleto arriba citado fue publicado el terror de los años 30 aun no había tenido lugar. Era solamente una profecía. No había ningún acontecimiento político que hubiera causado esta crítica de la sociedad soviética; esta crítica se presentó de un análisis económico. En esta base el estalinismo fue entendido como la expresión política de un sistema económico que perteneció a una explotación capitalista de Estado, y esto no sólo era cierto para el caso del estalinismo.

El texto mencionado era el trabajo de un grupo que autores pertenecieron a una corriente que surgió en los años posteriores de la primera guerra mundial y alcanzó una significativa importancia. Esta corriente se caracterizó por una crítica aguda de la socialdemocracia así como del bolchevismo. Era una corriente que analizaba cuidadosamente las experiencias diarias de la clase obrera, y así llegó a nuevas ideas sobre la lucha de clases. La corriente consideró a la socialdemocracia y al bolchevismo como el “viejo movimiento obrero”; quer era lo contrario a “un nuevo movimiento de los obreros.”

Entre los primeros representantes de esta corriente se encontraban marxistas alemanes y holandeses que siempre se habían situado en el ala izquierda de la socialdemocracia. En el curso de su lucha permanente contra el reformismo a través de los años profundizaron su crítica de la socialdemocracia. Los más conocidos de esta corriente fueron dos holandeses, Antón Pannekoek (1872-1960) y Herman Gorter (1864-1927) y también dos alemanes, Karl Schroder (1884-1950) y Otto Ruhle (1874-1943). Más adelante el mucho más joven Paul Mattick (1904-1980) se convirtió en uno de sus teóricos más importantes.

Las ideas de Pannekoek llamaron la atención poco después de principio del siglo por algunas reflexiones marxistas sobre la filosofía. Desde 1906 hasta el estallido de la primera guerra mundial Pannekoek trabajó en Alemania. Primero durante un año como profesor en la escuela del partido del SPD (Partido SocialDemócrata Alemán), luego de que lo amenazaran con la expulsión de Alemania, trabajó en Bremen y escribió artículos para diversos periódicos izquierdistas. Mientras se encontraba en Bremen, Pannekoek fue testigo de una huelga salvaje muy importante de los trabajadores del puerto. Esta experiencia influenció sus ideas sobre la lucha de clases, así como su interpretación del marxismo. Como consecuencia rechazó desde temprano las teorías bolcheviques sobre la organización, la estrategia y la política.

Otto Ruhle nunca se identificó con ninguna corriente del movimiento obrero alemán; sin embargo, él nunca perdio de vista los intereses generales de la clase obrera. Igual que Pannekoek, rechazó el bolchevismo en los años 20 y fue uno de los primeros en sostener que la revolución proletaria era algo totalmente diferente de la revolución burguesa y por consiguiente requería de formas totalmente diferentes de organización. Por esta razón rechazó la falacia de que la revolución proletaria debía ser el asunto de un partido. “La revolución” –dijo– “no es un asunto de partido; es el asunto político y económico de la totalidad de la clase proletaria.”

Estas ideas, que llegarían a ser desarrolladas en detalle, eran características de la corriente que se conoció como comunismo de consejos. El comunismo de consejos, desde principios de los años 20 se basó en las experiencias de las revoluciones rusa y alemana, defendió la democracia de los consejos y rechazó el poder del partido. Buscó distinguirse del bolchevismo y de los bolcheviques, y aquellos que reclamaban el nombre de comunistas. Sin embargo en su origen se encontraba muy alejado de las opiniones que desarrolló más adelante.

2

Al principio el comunismo de consejos apenas se diferenciaba del leninismo. Ruhle sin embargo no consideraba a los partidos de la Tercera Internacional como partidos comunistas. Pocos años después los comunistas de consejos se distinguirían mucho más claramente del bolchevismo. La llamada Revolución de Octubre acabó con el zarismo, puso fin a las relaciones feudales y despejó el camino para las capitalistas.

Los comunistas de consejos fueron más lejos. Señalaron el hecho de que una economía como la rusa, basada en el trabajo asalariado, es decir una economía donde la fuerza de trabajo es una mercancía, no desea nada más que la producción de plusvalor y la explotación de los trabajadores; no importa si el plusvalor va a los capitalistas privados o al Estado como el propietario de los medios de producción. Los comunistas de consejos recordaron que Marx había enseñado que la nacionalización de los medios de producción no tenía nada que ver con el socialismo. Los comunistas de consejos señalaron el hecho de que en Rusia, la producción obedecía a las mismas leyes existentes en el clásico capitalismo privado. La explotación solamente puede acabar –había dicho Marx– cuando el trabajo asalariado deja de existir. Los comunistas de consejos explicaron, refiriéndose a Moscú, lo que el comunismo no era. Las diferencias entre el comunismo de consejos y el bolchevismo llegaron a ser más claras y completas.

3

Lo que se ha dicho antes no debe entenderse en el sentido de que el comunismo de consejos es una crítica especial del estalinismo. Es una crítica del bolchevismo en general. Los comunistas de consejos no ven al estalinismo como una especie de “contrarrevolución” que privó a Octubre de sus frutos. Más bien ven al estalinismo como fruto de esta revolución, que abrió la puerta para el capitalismo en Rusia. Stalin era el heredero del bolchevismo y de la revolución bolchevique. El desarrollo de esta teoría fue lento, igual que el desarrollo social. En su curso los comunistas de consejos modificaron su opinión y su propia práctica. Inicialmente en Alemania y en Holanda se habían fundado partidos de comunistas de consejos. Esto contradecía la opinión de algunos como Ruhle que, según lo indicado previamente, pensaba que los partidos no eran un asunto de la clase obrera. Ruhle sin embargo, veía a estas organizaciones como partidos “de un carácter totalmente nuevo – un partido que no era un partido.”

Cuatro años más tarde en 1924 Ruhle hablaba un lenguaje distinto. “Un partido de carácter revolucionario en el sentido proletario de la palabra” –dijo– “es un absurdo. Su carácter revolucionario solamente puede tener un significado burgués y sólo cuando la cuestión es la transformación del feudalismo en capitalismo.” Él tenía toda la razón y por esto los así llamados absurdos desaparecieron de la escena proletaria en el plazo de diez años. Había pocas excepciones y poco después de la segunda guerra mundial la expresión ya estaba fuera de uso.

Mientras tanto los comunistas de consejos maduraron. Habían aprendido que la revolución rusa no era nada más que una revolución burguesa y que la economía rusa no era nada más que capitalismo de Estado. Tenían una comprensión más clara de las cosas que estaban maduras para una nueva investigación. Otras cosas no analizadas antes, ahora aparecían bajo una luz más clara.

El análisis más importante a este respecto fue terminado por Pannekoek en 1938. Su folleto sobre la filosofía de Lenin  produjo un análisis más profundo del bolchevismo. Pannekoek señaló el hecho de que el marxismo de Lenin no era más que una leyenda y que contradecía al verdadero marxismo. Al mismo tiempo explicó la causa: “En Rusia,” –dijo– “la lucha contra el zarismo se asemejaba en varios aspectos a la lucha que mucho antes se había dado contra el feudalismo en Europa. En Rusia la iglesia y la religión apoyaban el poder existente. Por esa razón la lucha contra la religión fue una necesidad social.” Por esta razón lo que Lenin consideró como materialismo histórico apenas se distinguió del materialismo burgués francés del siglo XVIII, un materialismo que, en esa época, fue utilizado como arma espiritual contra la iglesia y la religión. De la misma forma, es decir, apuntando a las semejanzas de las relaciones sociales en Rusia antes de la revolución y de las existentes en la Francia pre-revolucionaria, los comunistas de consejos señalaron el hecho de que Lenin y los miembros de su partido demandaron para sí mismos el nombre de jacobinos. Querían decir que su partido en la revolución burguesa rusa tenía la misma función que los jacobinos franceses.

Que el bolchevismo en marzo de 1918, solamente cinco meses después de octubre de 1917, despojó a los soviets de su ya disminuido poder fue –como dijeron los comunistas de consejos– una consecuencia lógica de la Revolución de Octubre. Los soviets no eran compatibles con un sistema que era la superestructura política de las relaciones productivas del capitalismo de Estado.

Lo que el movimiento consejista entendía por comunismo era una cosa totalmente distinta de ese sistema. La dictadura de un partido no encaja con las relaciones sociales basadas en la abolición del trabajo asalariado y el final de la explotación de los obreros. Una sociedad en la cual los productores son libres e iguales no puede ser algo distinto de la democracia de los productores.

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