1934-03 Programa del Partido de los Trabajadores Unidos de América

Traducido por R. Ferreiro.

Prefacio

En un período de crisis mundial que está profundizándose constantemente; durante un proceso de pauperización general y absoluta de la clase trabajadora a lo largo del mundo; ante las tendencias imperialistas hacia una nueva carnicería a escala mundial; con la visión de la marcha del fascismo cubriendo el globo ante nosotros; a pesar del triunfo temporal de las fuerzas capitalistas, sobre la tumba de un movimiento obrero internacional una vez poderoso, tras la más seria derrota del comunismo internacional, el Partido de los Trabajadores Unidos de América presenta este pequeño panfleto a todos los revolucionarios serios, para ayudarles a ellos y a nosotros a entender mejor la situación real, y para aclarar en alguna medida la confusión ideológica actual en que se encuentra la clase trabajadora.

El movimiento dialéctico del mundo hace de cada problema un problema histórico. También cambia en su curso el papel de las organizaciones y las ideas. Lo que una vez fuera revolucionario se convierte, con el desarrollo general, en reaccionario. Organizaciones, tácticas e ideologías que fueran una vez la expresión del desarrollo progresivo de la lucha proletaria contra el capitalismo, con el tiempo y en el curso de esa lucha se convirtieron en obstáculos en el camino del desarrollo ulterior. Lo que una vez fuera revolucionario, a pesar del hecho de que se haya vuelto reaccionario, pervive como una tradición en su contenido y forma originales, y oculta el desarrollo de las nuevas y reales fuerzas revolucionarias. Es por esto que es necesario que el arma de la crítica se convierta en la crítica de las armas.

El partido y su programa no es sino la expresión de este papel que la conciencia revolucionaria juega en la historia. Es una parte de la historia, no la historia misma. Un programa solo no tiene valor, a no ser que sea seguido por una acción por parte de la clase trabajadora. Si es práctico, si es realista, entonces se convierte en una fuerza que, en combinación con las fuerzas revolucionarias creadas por las condiciones objetivas a que ha dado lugar el desarrollo capitalista mismo, puede ser capaz de abreviar los dolores de parto de la nueva sociedad.

Es nuestra opinión que no estamos al final, sino al principio de la crisis general del capitalismo mundial; y paralelamente a esta situación objetiva, no estamos al final sino al principio de un verdadero movimiento obrero revolucionario, que debe y habrá de desarrollarse sobre una base enteramente nueva de principios y de táctica. Los comienzos son siempre difíciles y toda voz revolucionaria es inicialmente una voz en el desierto; pero estamos convencidos de que, más pronto o más tarde, la realidad misma se moverá hacia el pensamiento avanzado, y que lo que hoy parece todavía una abstracción se convertirá en la práctica efectiva del proletariado combatiente. Las tradiciones tienen que ser derrumbadas para llevar a cabo la unidad entre teoría y práctica. La revolución sólo es posible cuando esta unidad se hace realidad efectiva. El propósito de este panfleto es ayudar al movimiento revolucionario a aproximarse a esta situación.

Partido de los Trabajadores Unidos de América,
Marzo de 1934.

I. El período de crisis general para el capitalismo

Han pasado cinco años de crisis a escala mundial. Todas las tendencias apuntan a una profundización ulterior de la crisis internacional. La producción industrial mundial está por debajo del nivel de 1914 y sigue decreciendo. El ejército de desempleados, aunque tenga ya a la mitad del proletariado industrial mundial entre sus filas, se incrementa todavía más. El caos político-económico lo arrastra todo en su tendencia mortal al hundimiento. Las teorías de los economistas de la clase dominante se vuelven más ridículas, y las ilusiones de la pequeña burguesía se truecan en un miedo mortal. De elemento de avance, el capitalismo ha devenido en elemento restrictivo. Su movimiento hacia el derrumbe es un estado de catástrofes que trae a la raza humana una miseria y sufrimiento crecientes, a una escala mayor que en cualquier crisis previa.
Las tradiciones impiden a los trabajadores captar el hecho de que, la actual depresión, no puede ser superada dentro de los límites capitalistas. La esperanza que la clase dominante ha plantado en las cabezas de los trabajadores, de que vendrá un nuevo período de expansión, no se ha desvanecido; aunque se está volviendo cada vez más difícil defender el sistema, como queda ilustrado por su práctica diaria. El capitalismo ha sobrepasado muchas crisis y depresiones durante este desarrollo. Cada una de esas crisis no era sino un paso a un desarrollo progresivo ulterior, que creaba la base para una nueva crisis a un nivel más elevado; pero cada período de depresión era seguido por un ascenso, un boom. Todas las demás depresiones fueron superadas, así que ¿por qué no ésta también? La extensión y la profundidad mundiales de la crisis actual pueden explicar su intensidad y su duración, pero no pueden probar la permanencia de su carácter.
Es necesario que la clase trabajadora entienda que la crisis actual es permanente para el capitalismo. El análisis de la situación presente debe tomar en consideración el hecho de que estamos viviendo en un nuevo período histórico; un período de declive positivo del orden capitalista. Sobre la posición que el movimiento obrero tome en relación a la crisis y al derrumbe final del capitalismo, se mostrará el verdadero carácter del movimiento. Si falla en explicar, sobre la base de las leyes de movimiento de la sociedad actual, las tendencias del sistema presente, entonces fracasará en su tarea.

1. La medida histórica del desarrollo capitalista
El proceso de reproducción capitalista se repite, no forma de círculo, sino como una espiral que se estrecha hasta un punto. La producción capitalista, debido a sus contradicciones inherentes, conduce a su propia negación; pero sólo la acumulación de estas contradicciones puede transformarlas en algo diferente, en una revolución.
De acuerdo con Marx, el desarrollo de las fuerzas productivas de la sociedad es el poder motor del desarrollo histórico. Cuando las fuerzas productivas se incrementan, entonces las relaciones de producción tienen que cambiar también, para no volverse contradictorias con ese desarrollo. El capitalismo como sistema económico tenía la misión histórica de desarrollar las fuerzas productivas de la sociedad, en una medida mucho mayor de lo que fuera posible bajo cualquier sistema previo. La carrera por el beneficio bajo el capitalismo es la fuerza motora del desarrollo de las fuerzas productivas. Por esta razón, entonces, este proceso de desarrollo puede continuar sólo mientras sea rentable. No hay derrumbe económico mientras el beneficio realizado satisfaga las exigencias de una acumulación progresiva. Cuando la acumulación ya no puede ser reasumida, como en la crisis actual, entonces el capitalismo ha alcanzado su medida histórica. Entra entonces en su fase de declive. Es sólo en este período cuando deviene posible un VERDADERO movimiento revolucionario de los trabajadores.
Marx siempre considera las leyes económicas de movimiento desde dos puntos de vista; primero, como “un proceso de historia natural”; segundo, en sus formas históricas, sociales, específicas. El desarrollo de las fuerzas productivas prosigue en todo sistema social; un proceso consistente en una productividad siempre creciente del trabajo, debido a mejores herramientas y métodos para trabajar. El proceso productivo tiene, en un sistema capitalista, junto a su contenido natural, general, que comparte con todos los demás sistemas económicos, también la forma de un proceso que produce valores y plusvalía. Debido a ese rasgo, el capitalismo ha sido capaz de acelerar el desarrollo de las fuerzas productivas tan tremendamente. Las fuerzas productivas no son sólo máquinas, materias primas y fuerza de trabajo, sino también capital. Su desarrollo significa la expansión de la producción y reproducción del capital, y esto sólo es posible cuando la plusvalía o beneficio es el resultado del proceso de producción. Por medio del análisis del proceso de producción de plusvalía, Marx descubre la tendencia a un conflicto entre las fuerzas productivas materiales y su envoltura capitalista. Cuando resulta insuficiente plusvalía de la producción, no hay posibilidad de continuar el desarrollo de las fuerzas productivas. Las formas capitalistas deben, entonces, reventar en pedazos para dejar lugar a un sistema económico y social superior, más avanzado.

2. El proceso de acumulación del capitalismo
El desarrollo progresivo general de la humanidad se expresa, en todas las formas de sociedad, por medio del desarrollo de los medios y métodos de producción. Esto resulta en un incremento en la productividad del trabajo, de la masa de productos por un decrecimiento de la fuerza de trabajo efectivamente empleada. En el capitalismo, esto se expresa a través de la inversión de cada vez más capital en medios de producción y cada vez menos en trabajo. Es cierto, por supuesto, que cuando el capitalismo está en ascenso, entonces como hay cada vez más inversión de capital en los medios de producción, la suma de capital invertido en fuerza de trabajo también se incrementa; pero más lentamente que la primera. En un punto alto del desarrollo capitalista, el número de trabajadores empleados en relación al capital total no sólo decrece relativamente, sino también absolutamente. Dado que la explotación de los trabajadores es la única fuente de beneficios, esto ya indica que los beneficios del capitalista tienen que decrecer con una acumulación creciente.
El incremento de la composición orgánica del capitala va acompañado de una tasa de beneficio descendente. Esta tasa de beneficio descendente no es un peligro para el capitalismo mientras éste tenga la posibilidad de acumular más rápido de lo que baja la tasa de beneficio. Esto se hace posible mediante un incremento de la explotación, así como con la expansión de los campos de la producción capitalista. Pero, aun si el incremento en la masa del beneficio compensa la caída en la tasa de beneficio, o incluso excede a esta última, la masa del beneficio crece más lentamente que la suma de beneficio necesaria para satisfacer las necesidades siempre crecientes de acumulación. La caída en la tasa de beneficio es un índice de la caída relativa en la masa de beneficio que, en una fase de acumulación más alta, se convierte en una caída absoluta.
Si la acumulación va a proseguir, cada vez más plusvalía de la producida por los trabajadores tiene que usarse para el desarrollo del aparato productivo; decreciendo por ello las partes previstas para trabajo adicional y para el consumo de los capitalistas. Eventualmente, este proceso tiene que aproximarse a un punto en el que se necesite toda la plusvalía para hacer posible una acumulación suficiente. En este punto, el capitalista está forzado a incrementar la explotación de los trabajadores de modo tremendo, de modo que haga posible cierto beneficio para compensar por este desarrollo. La lucha de clases se agudiza. En caso de que la suma de plusvalía producida no sea suficiente para las necesidades del proceso de acumulación, a pesar de la explotación más intensa, entonces el proceso de acumulación se detiene y resulta la crisis.
Una parálisis en el proceso de acumulación conduce a una crisis general que afecta a todas las esferas de la producción. El capital que es demasiado pequeño para ser invertido ahora de forma rentable, se convierte en efecto en un excedente de capital. El crecimiento del Capital ha sido más rápido que el crecimiento de las posibilidades de expansión rentable. La sobreacumulación es el resultado; lo que significa, por un lado un excedente de capital que no puede ser reinvertido en la producción rentable, y por el otro un vasto ejército de desempleados que ya no puede encontrar ocupaciones. Sólo con la posibilidad de beneficio puede ser reasumido el proceso de acumulación; si esta posibilidad está excluida, entonces la crisis de necesidad se convierte en permanente en carácter. Una crisis permanente significa, para el capitalismo, el derrumbe.

3. El derrumbe del capitalismo y sus contratendencias
La teoría de la acumulación de Marx es la ley del derrumbe capitalista. La tendencia al derrumbe se expresa en la crisis y es superada en las crisis. Si las crisis son una expresión del derrumbe, entonces el derrumbe final no es nada más que una crisis libre de contratendencias.
Las contratendencias son principalmente intentos de reestablecer la expansión del capital sobre una base rentable, reorganizando del mecanismo total de la producción y la distribución. En todas las crisis previas, el éxito de estas tendencias contrarrestantes transformó la depresión en un nuevo período de boom. La racionalización en general, la reducción de los costos de producción, la reducción de los salarios, la reducción del ingreso de la clase media capitalista, las depreciaciones de capital, la cancelación del capital, la devaluación del capital, la aseguración plusvalía extra por medio de la expansión imperialista, los movimientos imperialistas para conseguir materias primas más baratas, la mejora de la relación con los mercados a nivel doméstico y del mercado mundial, y muchos otros factores, actúan como tendencias que ayudan al capitalismo a superar la crisis.
Las tendencias contra el derrumbe del capitalismo, sin embargo, son, como cualquier otra cosa, también de una naturaleza histórica. En el curso del desarrollo pierden su poder o son superadas por entero. En un cierto punto del desarrollo capitalista, la intensificación de la productividad del trabajo no incrementa, sino que reduce los beneficios. La pauperización de la clase trabajadora tiene sus límites absolutos. La expansión a escala mundial alcanza sus límites antes de que alcance las fronteras naturales del mundo. Hay un límite absoluto hasta donde la producción capitalista puede expandirse y desarrollarse. Las tendencias que han operado con éxito para sacar al capitalismo de crisis previas, han fallado en la depresión actual. Ya no existen como contratendencias, o son demasiado débiles en relación a la profundidad de la presente crisis del capitalismo internacional.
La conclusión de que esta crisis es permanente, y de que estamos en la fase moribunda del sistema capitalista, depende del análisis de las tendencias contrarrestantes. Si hay cualesquiera posibilidades de restaurar los beneficios, de acumulación ulterior, de expansión ulterior, entonces éstas deben ser consideradas.

4. Capitalismo monopolista y contratendencias en desvanecimiento
El capital monopolista en una depresión restringe la producción cerrando algunas de sus empresas. Si se establece una demanda mayor, la satisface reabriendo las plantas o fábricas necesarias. La gran reserva de capacidades productivas en el capitalismo monopolista no necesita de nuevas y grandes inversiones en capital fijo. En este sentido, restringe también el progreso técnico. En una fase más elevada, restringe el desarrollo de los mercados de medios de producción, en lugar de desarrollarlos.
La posibilidad de una revolución técnica, que conduciría a la depreciación moral de amplias masas de capital, ya no puede esperarse, porque la restricción de la fuerza productiva se ha vuelto una “necesidad vital” para el capitalismo monopolista. Esto es cierto incluso aunque indique un proceso de derrumbe para el sistema. El capitalismo ahora vive a través de la muerte.
En crisis previas, la devaluación del capital ha sido un factor importante para la recuperación. Ha reducido la composición orgánica del capital y, por ello, ha hecho más pequeño el capital total, de modo que los beneficios se volvieron relativamente altos. En crisis previas, también, después de que las bancarrotas en masa expulsaran a gran número de empresas capitalistas, las que sobrevivieron fueron forzadas por la competición, en un período de caída de precios, a rebajar sus costes de producción. Nuevas y mayores máquinas se necesitaron, que pudieran operar con beneficio, con el nuevo precio rebajado. La demanda de nuevo capital fijo se incrementó, y esta demanda arrastró con ella a otras industrias a un nuevo boom. En la crisis actual, sin embargo, la larga suma de bancarrotas no ha tenido un efecto similar.
Lo poco que significa una devaluación forzada del capital en el capitalismo monopolista se hace claro si contrastamos la producción del capital monopolista con la producción social total. Hay industrias donde el 90% de la producción social total es realizada por el capital monopolista. Esto es especialmente cierto en los Estados Unidos. Casi la mitad de la producción social total a una escala internacional, en la mayoría de las ramas importantes de la producción, es realizada por el capital monopolista. ¿Qué resultado podrían tener las bancarrotas de empresas pequeñas en esta situación? La depresión actual ha demostrado que esta contratendencia, la devaluación del capital, se ha esfumado.
La racionalización todavía puede enriquecer a un capitalista individual y, en algunos casos, resuelve sus problemas individuales; pero para la sociedad como un todo, el proceso de racionalización en el capitalismo monopolista tiende a hacer la sociedad más pobre. Puede todavía provocar un ahorro en salarios y reducir los costos de producción; pero todo lo que se ahorra es devorado por gastos improductivos que provienen del capital ocioso en la forma de empresas cerradas, y por la restricción ulterior de las posibilidades de mercado como resultado del proceso mismo. En la última fase de la acumulación se convierte en una racionalización fracasada; ya no sirve como medio para superar la crisis sino que tiende a ahondar la depresión.
La exportación de capital, que en el imperialismo es uno de los medios más poderosos para el ascenso capitalista y un factor de los más importantes para superar la crisis, ha decrecido hasta casi anularse a una escala internacional. La competición por los mercados extranjeros se ha vuelto en consecuencia más aguda. La tendencia a una guerra de alcance mundial continúa siendo una amenaza constante.
La crisis actual se distingue de todas las anteriores por el hecho de que las tendencias contrarrestantes, o no están presentes, o son demasiado débiles para operar con éxito y restaurar los beneficios a un nivel en que la expansión ulterior sea posible, en que el capital ocioso pueda ser puesto a trabajar y el proceso de acumulación del capital pueda reasumirse de nuevo.

5. El capitalismo en su crisis mortal
El descenso en la plusvalía total intensifica la lucha entre los diferentes grupos capitalistas por su porción de la plusvalía. Las maniobras políticas de los diferentes intereses reflejan esta situación económica. La severidad de la crisis actual, por ejemplo, hace imposible para el capital industrial pagar las obligaciones al capital bancario, o incluso pagar los intereses sobre este dinero. Las bancarrotas industriales son seguidas de bancarrotas del capital bancario. La inflación y medidas similares se toman para liquidar estas deudas, y el costo de esta liquidación es endilgado al capital bancario, las clases medias y la clase trabajadora.
En esta lucha por incrementar sus beneficios disponibles, el capitalismo está forzado a hacer contundentes ataques a la pequeña burguesía, para eliminar tanto como sea posible el beneficio consumido por los estratos medios. El crecimiento de la clase media ralentiza luego el proceso de su proletarización. La eliminación total de la clase media es, sin embargo, imposible en el capitalismo, porque éste, para asegurar su propia existencia, necesita a la clase media.
Con la crisis mortal del capitalismo monopolista, la crónica crisis agraria se profundiza. La desproporción entre los precios industriales y los precios de los productos agrícolas ha forzado a los granjeros de muchos países del mundo a la rebelión abierta. A regañadientes, el capitalismo es compelido a hacer concesiones a la población agraria, en forma de reformas de tarifas, préstamos y créditos por parte del Estado, estabilización de precios, ayudas directas a cambio de una reducción en la producción, etc. Estas concesiones, no obstante, suelen ser hechas a costa de los trabajadores.
El proceso de pauperización de la clase trabajadora se desarrolla de forma concomitante al desarrollo del capitalismo. En la fase ascendente del capitalismo funciona como una pauperización relativa, pero en la crisis mortal se convierte en pauperización absoluta. Los recortes salariales y el deterioro general de las condiciones del proletariado dan por resultado la miseria de masas. Para impedir el descontento social, los capitalistas están forzados a dispensar ayuda. Están forzados también a fortalecer su “poder de coerción”, el poder represivo del Estado, para impedir levantamientos. El mantenimiento del Estado se hace cada vez más caro. En contradicción con la necesidad de incrementar los beneficios para el capitalismo, hay un decrecimiento de los beneficios disponibles y, con ello, un incremento del coste de cosas improductivas.
En tanto la crisis se profundiza, las posibilidades de incluso una recuperación parcial disminuyen, y el derrumbe capitalista como tendencia se hace cada vez más activo. El derrumbe político se sigue de ello como tendencia; pero aquí también hay contratendencias que deben ser consideradas.

II. Tendencias hacia el “capitalismo de Estado” y una “economía planificada”

La esperanza de que el capitalismo supere su crisis actual presupone otra esperanza, de que sea posible desarrollar una forma económica más elevada que el capitalismo monopolista. Esta esperanza es imposible dentro del marco de la propiedad privada. El “capitalismo de Estado” es, en un sentido económico, no una forma más elevada que el capitalismo monopolista, sino sólo una forma nueva de presentar a ese último. Es una medida política para contrarrestar los peligros políticos que acompañan a los desplazamientos de clase en la última fase del capitalismo. La base política de la clase dominante se hace demasiado pequeña en esta fase, y tiene que engranar más directamente el poder estatal en interés del capitalismo monopolista.
La escasez de beneficios y la imposibilidad de superar la depresión, conducen a la intensificación de la lucha por la división de la plusvalía. Las relaciones socio-políticas en el capitalismo se vuelven muy inestables. La lucha entre los intereses financieros, industriales y agrarios intensifica la pelea por el control del gobierno. Esta lucha no es sino un reflejo político de la profundización de la crisis mundial. A pesar de las muchas modificaciones posibles, el grupo capitalista más fuerte, el capital monopolista, controlará finalmente las situaciones.

1. La lucha de los estratos medios
La clase media, que vive directa o indirectamente de la plusvalía, no tiene una causa económica o política común con el proletariado, aunque a menudo intentan comprometer a los trabajadores con su causa especial. Su esperanza y su lucha son para promoverse de su pequeña posición a la posición de un verdadero burgués. Ésto sólo es posible cuando el capitalismo funciona; y las oportunidades son mejores cuando funciona bien. La pauperización efectiva de la clase media, por norma, no cambia en principio su actitud hacia la clase trabajadora, sino que sólo agudiza su lucha por escapar del status proletario. Se vuelven no menos, sino más inclinados en el sentido capitalista. Mientras sus esperanzas puedan mantenerse, seguirán siendo los aliados de la clase dominante y, con ellos, la fuerza más potente contra la revolución proletaria.

2. Los intereses agrarios
Los granjeros, con excepción de aquellos que, por la industrialización de sus empresas granjeras, ya se consideran como capitalistas, tienen generalmente intereses diferentes de los de los capitalistas industriales y financieros. El desarrollo se basa, parcialmente, en la destrucción de la granja de viejo estilo. Es un interés del capital mantener los beneficios de los granjeros tan pequeños como sea posible, para asegurarse ellos beneficios más grandes. Para recortar los salarios en la industria, es necesario tener precios baratos para los productos agrarios. El atraso técnico de la producción agraria ha permitido a los granjeros ciertos privilegios, en tanto sus beneficios no eran incluidos en el cálculo de la tasa de beneficio media. La eliminación del beneficio de los granjeros significa hacer más fácil la carga de la depresión para el capitalista. Mediante el uso de cada vez más capital fijo en la agricultura, este privilegio de los granjeros está siendo eliminado; pero antes de que el conjunto de la agricultura esté realmente industrializado, queda todavía un largo camino. Mientras tanto, la lucha entre el granjero y el capitalista nunca cesará, y esta lucha es sólo otra expresión de la creciente socialización del trabajo. La creciente especialización de la producción agraria permite al capital controlar cada vez más los precios y los beneficios de los granjeros.
El granjero no lucha contra el capitalismo, sino por sus “intereses” dentro del capitalismo. Los granjeros defienden su propiedad privada, que es puesta en peligro por el proceso de expropiación del capital monopolista. La lucha continuará mientras tanto el capitalismo dure. En la lucha, una parte de los granjeros será utilizada contra la otra parte. Resulta de esto una situación de lucha enérgica por la existencia, con cada quien esforzándose por evitar la eliminación. Los granjeros se vuelven más radicales y también más rebeldes, pero en un sentido reaccionario. La lucha de los granjeros por su propiedad privada no les aproxima a los trabajadores, sino que les hace más enemigos de la clase trabajadora.
La política del movimiento agrario parece, a veces, muy amistosa hacia los trabajadores, esperando su apoyo. Efectivamente, están interesados en salarios altos para los trabajadores industriales, porque están interesados en precios altos para sus productos, lo que entra dentro del consumo de la clase trabajadora industrial. Esta actitud, sin embargo, se trueca en seguida en una lucha amarga contra la clase trabajadora cuando se convierte en una cuestión de comunismo o capitalismo. El comunismo no es una solución para los granjeros, en tanto el comunismo expropia su propiedad privada y la convierte en propiedad social. En el comunismo, esto es un acto radical. El proceso de expropiación que se sigue en el capitalismo monopolista es gradual, e involucra sólo a una pequeña fracción de los granjeros de una vez. Los frentes de la lucha de clases en el capitalismo monopolista se vuelven más claros de lo que nunca habían sido antes. Por un lado, tienen algo que perder, incluso si pueden ser sólo sus esperanzas; pero por otro lado, no tienen nada que perder, ni siquiera sus esperanzas.
En el ascenso del capitalismo, el proceso de concentración y centralización se expresa como continuación de la acumulación del capital total. Ahora, en el período de declive del capitalismo, este mismo proceso se lleva adelante sólo mediante la eliminación de los capitalistas más débiles, y mediante la restricción y la rebaja de los niveles de vida de la clase media y de los granjeros, y la pauperización general y absoluta de los trabajadores. La tendencia hacia el capitalismo de Estado es la expresión política de este proceso, en el período de estancamiento del capitalismo monopolista. La concentración económica necesita, también, más concentración política en manos del grupo capitalista dominante.
El “capitalismo de Estado” sólo puede realizarse como una tendencia. Nunca puede completarse. Esta es otra prueba del hecho de que, el capitalismo monopolista, se ha convertido en una traba al desarrollo social de la productividad. Prueba también el carácter permanente de la crisis actual.

3. Las tendencias hacia una “economía planificada”
Las tendencias del “capitalismo de Estado” están estrechamente relacionadas con las tendencias capitalistas hacia una economía “más planificada”. Se han hecho intentos de copiar el ejemplo ruso, despreciando la diferencia de desarrollo económico entre los diversos países. Esto es especialmente cierto de las naciones fascistas y de aquellos que se inclinan hacia el fascismo. Se está llevando a cabo una propaganda intensiva por la economía planificada, que eliminará la desproporción en los diferentes campos de la producción y la competición, regulará los salarios, el tiempo de trabajo y los precios de las mercancías a través del Estado. Incluso el control de los beneficios es tomado en consideración.
La “economía planificada” capitalista es una imposibilidad, debido a que el sistema sólo puede desarrollarse y funcionar mientras es anárquico. Bajo la relación del capital, una economía planificada presupone un capitalismo estático, y un capitalismo estacionario significa una crisis permanente. Incluso si estas teorías de la economía planificada fuesen aplicadas, serían desechadas tan pronto se estableciese un nuevo boom. Un nuevo período de boom sólo es posible si la acumulación se reasume. Esto quiere decir ímpetu a la producción capitalista, no restricción; quiere decir incremento de la anarquía capitalista, no reducción de la misma.
Los experimentos de “economía planificada” intentados en los Estados Unidos, Italia y Alemania, han probado que este proceso es apoyado sólo para servir a los intereses del capital monopolista. Toman la forma de una trustificación forzada, organización de cárteles, créditos del Estado, acuerdos salariales sobre la base de la extensión de la miseria general, explotación del trabajo barato de los desempleados, rebaja del costo del subsidio de desempleo, etc. Todas estas cosas ayudan; ninguna de ellas hiere los intereses del capitalismo; pero no solucionan la crisis.

4. El New Deal
El programa del New Deal, del régimen de Roosevelt, no fue nada más que la nueva concepción del movimiento monopolista del capital americano en la crisis permanente. Su único valor para el capitalismo como un todo fue el fortalecimiento de la ideología capitalista. Los medios para lograr esto fueron muy simples. Roosevelt tomó del movimiento obrero americano, que todavía sigue las concepciones del liberalismo, las consignas de las reformas. Estas consignas e ideas fueron formuladas para resolver la desproporción en los diferentes campos de la producción; para eliminar la competición desleal; para promover salarios más altos (?); una jornada de trabajo más corta; precios más altos; un sistema bancario mejor y otras frases que, a veces, se volvieron incluso sensacionales.
En contraste con las consignas y la propaganda del New Deal, su práctica fue enteramente diferente. Cada uno se sus intentos falló. Cada una de estas ideas probó la bancarrota. No se logró ninguna recuperación. No comenzó ninguna expansión de la producción; los créditos industriales no se incrementaron y las cifras del desempleo no fueron afectadas. Los proyectos agrarios se quedaron sólo en demostraciones de la demencia del sistema, por su destrucción de productos agrarios y sus restricciones de la producción; pero de ninguna manera esto aligeró la carga del granjero. La eliminación de la “competición desleal” se dirigió solamente contra las maquilas de los pequeños capitalistas, y en eso fue un medio para la ulterior concentración de capital, que condujo a una profundización de la crisis general. El resultado del acortamiento de la jornada laboral fue negado por la racionalización ulterior, y no afectó a la situación de desempleo. Todas las bellas teorías fracasaron como medios para superar la depresión.
Es cierto que la CWAc dio empleo temporal a un gran número de desempleados, lo que resultó a su vez en un ligero boom en ciertas industrias; pero las estadísticas prueban que la suma de los salarios totales no se incrementó, sino que en realidad decreció. Los precios de los bienes de consumo de los trabajadores tenían que crecer más rápido que los salarios. Con el New Deal los trabajadores, como clase, recibieron menos del producto social total de lo que habían recibido antes. La política de Roosevelt sólo incrementó el ritmo del proceso de pauperización general. Esto resultó solamente en una distribución más planificada de la miseria para la clase trabajadora. Incluso si concedemos mucho éxito a la eliminación de la competición, la sobreacumulación de capital todavía sigue funcionando y conduce al derrumbe capitalista.

III. El fascismo

El descenso de los beneficios en la crisis general intensifica la lucha de clases. La lucha política, igual que la económica, se vuelve más aguda. Debido al proceso de concentración, la base política de la dominación se vuelve demasiado pequeña para el capitalismo. Se hace necesario para los capitalistas fortalecer sus fuerzas políticas, engranando a la clase media y a los granjeros en su apoyo. Los viejos métodos democráticos ya no son satisfactorios; deben ser cambiados por métodos más instantáneos y directos. Un gobierno ya no es suficiente; lo que se necesita es una dictadura. El fermento y el descontento social en la última fase del capitalismo deben ser suprimidos, y asegurado que el sistema pueda sobrevivir.

1. La ideología social
La conciencia social es, en el capitalismo, una ideología como en todas las demás sociedades de clases. El propósito de esta ideología es esconder el carácter real del capitalismo; esconder los diferentes intereses de clase y la lucha de clases. En la realidad capitalista, no existen intereses comunes algunos. Se tiene que falsificar, por medio de la ideología, la apariencia de un interés común para posibilitar una práctica social. Las necesidades del capitalismo se identifican con las necesidades de toda la raza humana.
Con la agudización de la lucha de clases efectiva, y el crecimiento de la contradicción entre ideología y realidad, se hace cada vez más difícil mantener la farsa de la colaboración de clases como si fuese el interés de todas las clases. Se hace necesario combatir la idea de la lucha de clases más implacablemente. El capital, por medio de sus portavoces de la clase media, se vuelve “social”; ya no ignora la lucha de clases, sino que hace a la lucha de clases responsable de todas las dificultades capitalistas. La lucha de clases no es un resultado de la crisis, sino que ahora, para el capitalismo, la crisis es el resultado de la lucha de clases. La idea de la lucha de clases es expuesta como una invención, traída al mundo por los criminales marxistas. El verdadero “socialismo” hace necesaria la abolición de la lucha de clases. La lucha de clases no es suprimida mediante la eliminación de las clases, sino mediante la destrucción de la “idea” marxista de la lucha de clases. Las clases medias, que prefieren seguir siendo una clase media antes que convertirse en proletarios, se adhieren a esta idea, y de esta manera son traidas al frente del capital monopolista contra los trabajadores. El movimiento obrero ha señalado lo que distingue a las clases; ahora el capitalismo señala lo que une a las clases.
El ultranacionalismo también se convierte en una parte amplia de la ideología capitalista, de modo que el fascismo se vuelve “nacional-socialista”. La nación es puesta contra el resto del mundo, o contra enemigos especiales. Un “tercer” factor, no el sistema de clases, es responsable de toda la miseria en la que las personas se encuentran en un país particular. La propaganda a favor de aventuras imperialistas se fortalece inmensamente gracias es esto.
El fascismo, sin embargo, no está necesariamente ligado a una ideología específica. Puede variar con las peculiaridades, la historia, el grado de desarrollo y otras cosas especiales de los distintos países. Lo esencial, no obstante, es lo mismo en todas partes. Es desarrollado para preservar el orden social existente.
Los deseos de la clase media se cumplían mejor en el pasado que en el presente. Esto hace de la ideología fascista una ideología reaccionaria. “Volver a los viejos buenos tiempos” es el grito del fascismo en Europa; “volver a los días de la frontera” es el grito en América; pero es reaccionario sólo como ideología. En la realidad, satisface el proceso de concentración ulterior del capitalismo y salva los beneficios para la clase dominante.

[2. El gobierno bajo el capitalismo monopolista]
El hecho de que el fascismo también exista en los países menos desarrollados no altera la conclusión de que es una forma de gobierno bajo el capitalismo monopolista. El zarismo, por ejemplo, sólo se distingue del fascismo alemán por el hecho de que, en el primer caso, un régimen feudal intentaba mantener el poder, y en el segundo, un régimen capitalista pelea por mantener el control de la sociedad.
El fascismo, en la crisis general, es un estado de barbarie capitalista. La matanza se convierte en ciencia política; el robo pasa por economía. La pauperización de los trabajadores, como única fuente para hacer posible los beneficios, hace necesario un proletariado pasivo. Para cumplir esto, se deben dar privilegios suficientes a los asesinos. La rebelión de la clase media no se dirige esencialmente contra el capitalismo, sino contra su propia pauperización. El fascismo hace uso de todas las energías de la clase media y las engrana con los intereses del capitalismo contra la única clase revolucionaria -el proletariado.
En América, con la quiebra del New Deal, se considera una probabilidad que el régimen de Roosevelt se convierta en una dictadura fascista; pero esta conclusión no es necesariamente correcta. El fascismo es la mejor forma de gobierno en la crisis permanente del capital monopolista; pero no es una necesidad absoluta. Una dictadura de la clase capitalista, de ellos mismos, es posible donde la clase media sea relativamente débil. Sólo cuando se da un estado en que los trabajadores están en una posición amenazante, cuando la clase media se vuelve rebelde, cuando una situación realmente revolucionaria se despliega ante el capitalismo, entonces la clase dominante se verá forzada a promover las tendencias fascistas.

[3. Las reservas del fascismo]
Las nuevas organizaciones fascistas que se están organizando en América, y que intentan copiar el movimiento de Hitler, no son las fuerzas fascistas esenciales; son meramente las empresas privadas de pequeños políticos. Las verdaderas reservas fascistas están en las viejas organizaciones, como la Legión Americana y la Federación Americana del Trabajo, que siempre han sido la expresión de toda la fuerza reaccionaria de la clase media y de la aristocracia obrera. Estas organizaciones no son todavía fascistas, porque la lucha de clases no se ha desarrollado todavía hasta un punto en el que sea necesario para el capitalismo americano comprometer sus últimas reservas. Cuando la clase media se empobrezca más que en la actualidad, el movimiento fascista crecerá más rápido en los Estados Unidos que en cualquier otro lugar; de hecho, tal como está la situación ahora en América, el fascismo tiene más oportunidades para desarrollarse que el movimiento revolucionario de los trabajadores.
El viejo movimiento obrero muere con el capitalismo. Esto permite al fascismo incluso atraer a muchos trabajadores a sus filas. De la reforma social, el desarrollo conduce al fascismo social. A pesar de este desarrollo, no obstante, para escapar a su miseria nada es más posible para la clase trabajadora que derrocar el fascismo y el sistema capitalista. La crisis mortal se diferencia, a este respecto, de todas las crisis previas, en que incluso si parte de la clase capitalista supera la depresión desde el punto de vista de sus beneficios, para los trabajadores la continuación del capitalismo sólo significa la degradación constante de sus condiciones. La porción que los trabajadores obtienen del producto social será siempre más pequeña; el hambre y la muerte son las únicas perspectivas bajo el capitalismo para los trabajadores.

[4. La amenaza mundial]
El carácter internacional de la depresión, el carácter internacional de la lucha de clases, forzarán la dictadura de la clase dominante por todo el mundo. El fascismo se convierte en una amenaza mundial. Para escapar de esta situación, la única posibilidad es que los trabajadores derroquen el capitalismo con la revolución mundial. La historia ha dispuesto el escenario: fascismo mundial o revolución mundial, barbarie o comunismo.

IV. El viejo movimiento obrero

El análisis económico ha mostrado que la situación objetiva para la revolución social está presente. La situación política es, sin embargo, diferente. En un sentido relativo, la burguesía internacional nunca fue más fuerte políticamente, a pesar de su caótico estado económico. El movimiento revolucionario de la clase trabajadora ha sufrido una derrota tras otra, culminando en la aniquilación del movimiento alemán que era la clave de la revolución mundial. Estas derrotas pueden atribuirse no sólo a la falta de preparación del movimiento, sino también al hecho de que los trabajadores fallaron a percibir la significación de la crisis permanente, y de que el movimiento no se libró de los métodos y tradiciones del viejo movimiento obrero que obstaculizan la revolución.
El viejo movimiento obrero tuvo su principio y desarrollo durante el período ascendente del capitalismo, un período en el que el proceso de pauperización de los trabajadores sólo ocurría de manera relativa. La teoría marxiana, de que con la acumulación del capital iba de la mano la acumulación de miseria, fue derrotada para el observador superficial. El hecho de que, en relación a lo que producían, los trabajadores obtenían cada vez menos -de que los trabajadores estaban obteniendo una parte más y más pequeña del producto social-, fue ignorado. Las organizaciones sindicales y social-reformistas parlamentarias crecieron, e incluso la influencia política de los trabajadores pareció aumentar. Una política oportunista, en la que los trabajadores ganaban reformas alineándose con grupos capitalistas contra otros grupos capitalistas, tomando ventaja de este modo de las divisiones entre los capitalistas, no mostraba nada más que el atraso de la lucha de clase. Ésta fue la base del viejo movimiento obrero en un período en el que sólo eran posibles las reformas. Incluso el movimiento obrero sólo podía hacer una política capitalista. La lucha entre capital y trabajo era por una parte más grande del producto social -una lucha sobre la base de, y dentro de, el marco de la sociedad capitalista.
La teoría del derrumbe económico y el principio de la revolución se perdieron fácilmente, y en su lugar creció el ideal del “desarrollo pacífico al socialismo”. Los intereses del movimiento obrero se hicieron idénticos a los intereses de la sociedad como un todo, y así, en consecuencia, idénticos a los intereses de los capitalistas. Para el reformismo la causa de la crisis era la insuficiencia de la organización capitalista. El problema no estaba en la producción capitalista, sino en la circulación de las mercancías y la competición. Esto se resolvería mediante la concentración del capital y mediante la educación de los trabajadores, hasta que adquiriesen poder político legal suficiente para llevar a cabo el socialismo a través de la legislación. La lucha revolucionaria fue arrojada por la borda y estas políticas capitalistas tomaron su lugar, hasta el punto de que el movimiento se convirtió en sólo una herramienta de regulación del capitalismo.

1. De la reforma social al fascismo social
Con el advenimiento de la guerra mundial, el movimiento obrero de preguerra, que estaba asociado en la Segunda Internacional, abandonó todas las frases socialistas y se giró hacia la defensa de los capitalistas en los diversos países. Probaron que su forma reaccionaria no era sino la cobertura de su contenido reaccionario. También mostraron, en el período revolucionario del final de la guerra, que estas organizaciones que habían sido construidas para luchar por reformas dentro del capitalismo, no podían sacar ventaja de una situación revolucionaria.
En el estallido de los levantamientos revolucionarios ruso y centroeuropeo había nacido un nuevo movimiento obrero. Un movimiento revolucionario en un período revolucionario. La meta era el derrocamiento del sistema capitalista. Los medios eran las nuevas organizaciones de los trabajadores -los comités de acción, los consejos obreros, los soviets.
Una vez más, el viejo movimiento obrero fue capaz de servir al capitalismo. Derrotó al joven movimiento revolucionario, con la matanza de muchos miles de revolucionarios en Alemania y arrebatando el mando de manos de los soviets de los trabajadores en Rusia e instituyendo la dictadura del Partido bolchevique sobre los trabajadores. Con nuevos nombres, nuevas consignas y nuevos dirigentes, la Tercera Internacional se convirtió en el centro de los nuevamente organizados remanentes del viejo movimiento. Una nueva apariencia, pero el mismo viejo contenido socialdemocrático. De este modo, empezó un nuevo período de negociación sindicalista, con sus regateos y concesiones mutuas, y de farsa parlamentaria, en el que la clase trabajadora ha ido de derrota en derrota.

2. El desarrollo ruso
Para entender la Tercera Internacional, el movimiento bolchevique con sus diversas oposiciones, tales como los neobolcheviques de la “Cuarta Internacional”, es necesaria una revisión del desarrollo ruso.
Los obreros industriales que estuvieron a la cabeza y lucharon en la Revolución rusa, lucharon en interés del comunismo. Los campesinos, sin embargo, que eran la vasta mayoría y la fuerza real de la revolución, no fueron más allá de la nueva distribución del suelo. Su principal impulso era la revuelta contra las condiciones feudales, para sacar adelante las posibilidades de desarrollo de la técnica agraria capitalista. Han sido continuadamente un factor determinante en el desarrollo de Rusia desde 1917.
El carácter económicamente atrasado del país no permitió la construcción de una sociedad socialista. La única política posible bajo estas condiciones era hacer todas las concesiones que fuesen necesarias para mantener el poder. Esta política de hacer concesiones, a una escala tanto nacional como internacional, se ha desarrollado hasta el punto que ahora se dirige contra los intereses del proletariado industrial de todo el mundo y contra la revolución mundial.
Es cierto que esta política de concesiones iba a adoptarse sólo temporalmente, y que sería abolida tan pronto la revolución mundial se extendiese por Europa; pero con la derrota de los trabajadores alemanes en 1919, y de nuevo en 1923, se abandonó la esperanza de una revolución mundial continua. El principal objetivo se volvió ahora mantener y fortalecer el poder del Partido bolchevique en Rusia.
El Partido Comunista ruso, siendo el mayor de la Tercera Internacional, se convirtió en la sección dominante. La localización de la Internacional en Moscú fortaleció esta tendencia. Con los intereses nacionales e internacionales de Rusia como influencia determinante, la Tercera Internacional procedió a construir partidos de masas en los diversos países para apoyar el desarrollo ruso. La sección diferente del movimiento comunista fue forzada a adoptar políticas reformistas y oportunistas, para competir con los partidos de la Segunda Internacional por el control y utilización de amplias porciones de la clase trabajadora. La defensa de la Unión Soviética se convirtió en el primer principio de todos los partidos comunistas de la Tercera Internacional. La revolución mundial del proletariado fue puesta a un lado, y el primer deber ahora de los comunistas en todas partes era el apoyo del régimen bolchevique y de la “construcción del socialismo en Rusia”. Cualquier crítica contra esta política era objeto de expulsión inmediata. La tradición del éxito bolchevique de 1917 encubrió su práctica contrarrevolucionaria.
El momento de respiro, destinado a salvaguardar el régimen bolchevique, condujo al crecimiento de una fuerte burocracia. La “dictadura de los trabajadores” se convirtió en una dictadura de la burocracia sobre los trabajadores. La burocracia identificó sus intereses con los de los trabajadores rusos, e incluso con los de la clase trabajadora internacional. Todos los trapicheos que habían encontrado necesarios, se habían realizado “en interés de la revolución mundial”. Las alianzas comerciales, las alianzas militares con los países capitalistas, la paz mundial para llevar a cabo el proceso de industrialización y prepararse para la acción imperialista, acabando con todos los movimientos revolucionarios verdaderos en nombre del comunismo, edificando un nuevo sistema de explotación de los trabajadores bajo el nombre de “comunismo de Estado”, resumen la política actual de la burocracia y de su herramienta -la Internacional Comunista.
La actividad principal de las diversas secciones de la Tercera Internacional se ha convertido en la propaganda en nombre de Rusia. Describiendo el maravilloso progreso hecho en la “Patria del Trabajador”, los trabajadores de otros países van a ser convencidos de que su solución es seguir el ejemplo de los trabajadores rusos. Aquí, de nuevo, como con la Segunda Internacional, el proceso revolucionario se vuelve sólo un proceso de propaganda. Algún día los trabajadores serán convencidos, y como resultado de su conciencia actuarán. Aquellos que puedan advertirlo mejor, triunfarán. Esto es llamado “marxismo” y leninismo.

3. ¿Construcción del “socialismo”?
La meta de Lenin: “El Estado obrero” o “el capitalismo de Estado bajo el control de los trabajadores” (que es, después de todo, una Utopía), ha llevado ya al desarrollo de un capitalismo de Estado que controla a los trabajadores. Todas las tendencias socialistas están siendo asesinadas, mientras las tendencias capitalistas se vuelven más fuertes. En la ideología prevaleciente, que es necesaria para encubrir las realidades, se describe como “comunismo de Estado” y “construcción del socialismo”. La base económica, sin embargo, es la explotación de los trabajadores. En lugar de los viejos explotadores capitalistas y feudales, los nuevos -la burocracia organizada- disponen del mando. Esta burocracia, no los trabajadores, tiene el control de los medios de producción y, consecuentemente, el control sobre los productos también. Con esto la explotación de los trabajadores está garantizada.
Se explica que, aunque la explotación ahora continúa, en una fase posterior del desarrollo se retornará a los trabajadores en la forma de beneficios sociales y salarios crecientes. La práctica del comunismo de Estado ha probado, sin embargo, que con este desarrollo los trabajadores no son menos, sino más explotados. Es cierto que pueden mostrar que los salarios de los trabajadores se han incrementado; pero no se han incrementado tan rápido como la productividad. Aquí tenemos el proceso de pauperización relativa de los trabajadores que, en una etapa posterior del desarrollo, se convierte en pauperización absoluta. Al señalar que no hay desempleo, no prueba nada más que el hecho de que el desarrollo industrial no ha sido capaz de convertir al campesinado en trabajadores asalariados industriales tan rápido como es requerido por la técnica del día de hoy. En una fase posterior de la industrialización, el desempleo debe desarrollarse necesariamente, justo como en otros países capitalistas.
La relación de salario y capital en la producción rusa, la producción de valores de cambio, el dominio de los medios de producción por la burocracia y no por los trabajadores, excluye cualquier desarrollo hacia el comunismo en Rusia. Este nuevo sistema de explotación desarrolla una nueva clase dominante, que es tan enemiga de la revolución proletaria como lo eran antes los capitalistas. Una nueva revolución proletaria se vuelve la perspectiva de los trabajadores rusos. La relación del capital en la producción está condenada a resultar en una miseria creciente para los trabajadores, en crisis y, finalmente, en derrumbe.
La política de la Tercera Internacional, de convertir el carácter del movimiento comunista en unos cuerpos defensivos para Rusia, distrae a tales trabajadores organizados de la lucha de clases efectiva, y de la verdadera lucha por la revolución proletaria y el comunismo.

4. Tradiciones bolcheviques
Las tradiciones del pasado siempre ocultan el verdadero desarrollo del presente. Los trabajadores continúan peleando en la lucha de clases de la misma manera que luchaban en el pasado. A pesar del hecho de que se han derrumbado tanto las Internacionales como organizaciones revolucionarias, la ideología de estas organizaciones todavía existe y oculta el desarrollo de la conciencia revolucionaria real. En los países donde el movimiento obrero ha sido destruido, los trabajadores lo levantan de nuevo sobre los viejos principios y en las viejas formas que había tenido antes.
Los grupos de oposición, que critican severamente la Tercera Internacional por su oportunismo y sus contradicciones, intentan construir un movimiento neobolchevique. La crítica que ofrecen, sin embargo, es puramente sobre la base de la táctica. La táctica incorrecta de la Internacional Comunista y sus diversas secciones resulta de su pobre dirección. La cuestión se convierte en la de la buena o mala dirección; una posición basada en la pura especulación, porque nadie puede decir cuanto tiempo los dirigentes continuarán siendo buenos, o en cuán poco tiempo se volverán malos. La lucha competitiva entre dirigentes y burocracias en el movimiento caracteriza la lucha entre la Internacional Comunista y sus oposiciones. En su lucha, intentan elevar la lucha entre facciones políticas a historia mundial.
Todo el programa de los neobolcheviques de los grupos de la “Cuarta Internacional” puede resumirse en su consigna: “Volver a Lenin”. En lo que a Lenin concierne, él no hizo ni más ni menos que proponer la reivindicación marxiana de la dictadura del proletariado en un país atrasado y en una forma modificada. La modificación de esta demanda, de dictadura de los trabajadores en dictadura del partido, resultó del atraso del país. El éxito bolchevique de 1917 es histórico. El éxito de su política en esa ocasión no asegura el éxito en otro país y en otro período histórico. “Volver a Lenin” es, en realidad, un sinsentido, una frase estúpida. No es posible una distinción entre leninismo y estalinismo, ya que este último no es sino el resultado del anterior. No es meramente la derrota del estalinismo lo que confronta el movimiento mundial, sino que todo el período bolchevique que empezó con Lenin ha encontrado su final histórico. La cuestión hoy ha devenido bolchevismo o comunismo.
Para el movimiento bolchevique, al igual que para el movimiento reformista de la Segunda Internacional, el desarrollo de la conciencia de clase estaba determinado por el desarrollo del partido. Sin el partido correcto, sin la táctica correcta y la dirección correcta, los trabajadores eran impotentes. Los trabajadores podían luchar, pero sus luchas no podían tener éxito sin el partido correcto a la cabeza. Así que el partido se vuelve lo determinante. El partido correcto es el que tiene el programa y la táctica más correctos. La táctica correcta depende de la dirección correcta, y así, en último análisis, la historia de nuevo se convierte en la obra de los grandes hombres.

5. La cuestión sindical
La lucha de las burocracias competidoras en el movimiento se manifiesta en los intentos de construir organizaciones de masas. Con este objetivo, su aproximación al movimiento sindical se convierte en intentar ganar a los trabajadores mediante el trabajo dentro de los sindicatos, o se muestra en los intentos de apropiarse del control de los sindicatos. Un análisis del movimiento sindical es necesario.
El éxito de los sindicatos depende de una situación en la que una sección de los trabajadores mejore a expensas del resto de la clase trabajadora.d Presupone una división de los trabajadores en la minoría organizada y la mayoría desorganizada. No puede en ningún momento representar los intereses de la clase trabajadora. Sólo puede funcionar en el capitalismo, y cuanto más estable es el capitalismo, mejor puede funcionar. Su función se centra en la pelea de la sección organizada de los trabajadores por reformas, en la lucha contra el proceso de pauperización relativa en el período ascendente del capitalismo. En la crisis permanente, cuando el proceso de pauperización se vuelve absoluto, el movimiento sindical pierde toda posibilidad de funcionar incluso en interés de la sección organizada. Peor, se vuelven no sólo pasivos en las luchas entre capital y trabajo, sino efectivamente reaccionarios en la medida que operan para derrotar las verdaderas luchas de los trabajadores contra el cercenamiento por el capital de su nivel de vida.
Debido a la tendencia a huelgas espontáneas, y a la posibilidad de que la dirección burocrática del movimiento sindical pueda perder el control de los trabajadores en la última fase del capitalismo, éste pierde incluso su valor para la clase capitalista. Como resultado, se convierte en un “baluarte contra la revolución” y se convierte en uno de los mejores partidarios del sistema. Neutralizando a amplias secciones de los trabajadores, es una fuerza en nombre del fascismo tan resueltamente como lo es el movimiento fascista al luchar por él.
La política de “penetración desde dentro”, para apropiarse de los sindicatos o revolucionarlos, es igual de imposible que la política socialista de revolucionar el gobierno capitalista. Los nuevos sindicatos comunistas, en países donde tienen una oportunidad de desarrollarse, se vuelven igual de reaccionarios que los viejos.
Cuando la crisis capitalista se profundice hasta un nivel peligroso, el capitalismo destruirá los sindicatos, o los convertirá en organizaciones fascistas serviles que operen contra los trabajadores. Ya no pueden permitirles funcionar independientemente, debido al peligro de que la dirección pueda perder su control y los trabajadores puedan lanzar una lucha que pudiera ser peligrosa para el capitalismo en tal período precario.
En la crisis permanente, el movimiento sindical ha alcanzado su final histórico y debe ser demolido como una amenaza para el movimiento revolucionario.

6. La participación en la política parlamentaria
Los partidos políticos parlamentarios son construidos como los sindicatos, con una dirección burocrática arriba que controla a los miembros y las actividades de la organización. La organización siempre funciona según los intereses de la burocracia, en lugar de según los intereses de los trabajadores.
Los parlamentos pertenecen a la clase capitalista y al sistema capitalista. Su función es servir como instrumento para las diferencias legales entre los grupos capitalistas dentro del sistema. Es absolutamente inútil como “tribuna revolucionaria”, y en la depresión permanente no puede ni siquiera permitir la más ligera reforma en favor de los trabajadores. El uso de las elecciones como “barómetro de la madurez de la clase trabajadora” es sólo otra cobertura para la farsa parlamentaria; un “parlamentarismo revolucionario” es imposible, en tanto la participación en la actividad parlamentaria está basada en el compromiso, y esto significa que los trabajadores tengan que abandonar sus verdaderos intereses de clase.
El parlamento también sirve como medio para poner ilusiones en las cabezas de los trabajadores. La lucha e iniciativa activas de los trabajadores no es necesaria. Los dirigentes conseguirán los resultados por ellos en los parlamentos. Frente al creciente fascismo mundial, es un crimen llamar a la participación en la actividad parlamentaria que distrae a los trabajadores de la verdadera lucha para una lucha ilusoria.
En la última fase del capitalismo monopolista, el parlamentarismo pierde su valor incluso para la clase capitalista. Incluso como ideología, la “Democracia” no puede tolerarse. La dictadura fascista se convierte en el único medio para el control absoluto que es necesario para el capitalismo.
La actividad de construir los partidos políticos parlamentarios, históricamente obsoletos, derrota al movimiento revolucionario de la clase trabajadora, dado que, de ese modo, descuida la verdadera lucha de clases y el verdadero movimiento revolucionario.

V. El nuevo movimiento obrero revolucionario

Para el reformismo, al igual que para el bolchevismo, el desarrollo de la conciencia de clase significa el desarrollo del partido. El partido es la cabeza, el cerebro, el director de la lucha de clase y de la revolución. Sin un partido, y especialmente sin un partido con el programa correcto y la táctica correcta, los trabajadores son impotentes. Los trabajadores pueden sublevarse, pero sin la dirección del partido no pueden luchar con éxito. El ritmo del desarrollo del partido es el ritmo de la revolución misma. Las consignas correctas, la táctica correcta, son importantes y la dirección es lo más importante de todo. Se mata la iniciativa de las masas; la disciplina de acuerdo con la línea del partido es lo que cuenta. La influencia del partido lo es todo, la revolución es sólo el resultado de esta influencia.
La lealtad al partido significa, en último análisis, lealtad a la burocracia que tiene el mando. No puede haber mando de los trabajadores mismos; ni puede ser posible ningún verdadero frente unitario de los trabajadores, a causa de la competición entre los diversos grupos de dirigentes.
La concepción del viejo movimiento obrero, de Kautsky a Lenin, de que los trabajadores por sí mismos nunca desarrollarán una verdadera conciencia de clase, de que el partido es necesario para llevar esta conciencia a las masas, es una concepción mecánica del papel que la conciencia juega en la lucha de clases, y no tiene nada que ver con Marx o el marxismo. Para Marx, la revolución del proletariado es inevitable. Emana del proceso social de desarrollo de las fuerzas productivas. El proletariado, una fuerza productiva en sí mismo, una clase independiente de la ideología de cualquier organización, es la materialización de la conciencia de clase, que resulta del movimiento dialéctico de la sociedad de una forma inferior a otra superior. Incluso si revolución y conciencia constituyen un proceso de intercambio, la revolución es el factor primario. La revolución, no la ideología, es el factor determinante.e
La conciencia de clase no tiene que expresarse en la forma-partido; puede también expresarse en otras formas organizativas. Si el partido expresa la cristalización de la conciencia de clase en un momento del proceso histórico, no se sigue que éste siempre sea el caso. El hecho de que nunca en los últimos veinte años haya sido el partido el factor determinante de ninguna situación revolucionaria, es un hecho indiscutible. Los soviets, los comités de acción, los consejos de obreros y soldados, eran la expresión espontánea de los trabajadores en lucha.
La conciencia de clase revolucionaria puede expresarse y es expresada en el capitalismo como una ideología. Pero es más que esto; es también idéntica a la lucha material de los trabajadores, a pesar de su ideología. Emana de las necesidades y luchas de los trabajadores en acción, tal como se desarrolla el proceso económico e histórico. La conciencia de clase separada de la clase trabajadora en acción no significa nada.

1. Los soviets
En la última fase del período de declive capitalista, la clase dominante no puede tolerar incluso la más ligera perturbación económica. Su posición se vuelve tan precaria que deben suprimir el menor movimiento por parte de los trabajadores. Están forzados a combatir a los trabajadores como si fuesen revolucionarios, a pesar de cómo de atrasada pueda ser la ideología de estos trabajadores. De este modo, fuerzan a los trabajadores a contraatacar como si estuviesen luchando por objetivos revolucionarios. Contra su voluntad, la clase dominante enseña a los trabajadores el arma de la guerra civil. El capitalismo no sólo produce sus propios sepultureros, sino también les muestra cómo combatir el capitalismo exitosamente.
El fascismo destruirá el viejo movimiento obrero; pero necesitará levantar una nueva burocracia en su lugar. Para mantenerse en el poder, para asegurar su propia existencia, la nueva burocracia tiene que reprimir continuamente el movimiento de los trabajadores. La crisis permanente obliga al terror permanente, una expresión de la barbarie capitalista en su última fase. Puede retardar la organización de los trabajadores, pero no puede detener la lucha de clases.
Nuevas organizaciones crecerán y se desvanecerán, y de nuevo otras se desarrollarán en su lugar. Ninguna de ellas será permanente, o suficientemente poderosa para controlar grandes porciones de los trabajadores. Las organizaciones grandes, centralizadas, ya no serán posibles en una situación de dictadura capitalista.
La necesidad política de la clase dominante de aislar, atomizar a los trabajadores, a pesar de como sea, no altera la necesidad económica de tener trabajadores reunidos en grandes cantidades en fábricas, industrias, centros de desempleo, proyectos de obra civil, etc. Donde los trabajadores estén colocados juntos, con intereses comunes, situaciones comunes, se organizarán de una forma nueva, que no pueda ser controlada o destruida. Se organizarán para la acción y seleccionarán de entre sus propias filas una dirección. Los comités de acción son aquí la única dirección posible en los consejos de trabajadores, los soviets. La dirección de los trabajadores, nunca separada de los trabajadores en lucha, bajo el control de los trabajadores, sufrirá en caso de derrota justo igual que los trabajadores que son derrotados. Los soviets, o consejos obreros, que han sido la verdadera organización de los trabajadores en todos los levantamientos obreros, se convierte en la crisis permanente del capitalismo en la única forma posible de organización. La represión capitalista trae a la vida la organización y los instrumentos de lucha.
Estas organizaciones, a pesar de su debilidad organizativa, tendrán en sus filas verdaderos revolucionarios. Su claridad significará más en las acciones de masas venideras que el seguidismo automático a los dirigentes que distingue al viejo movimiento obrero. La autoiniciativa de los trabajadores caracterizará estos movimientos. Los soviets se convierten en la práctica de la clase trabajadora y, con esto, la revolución se pone al orden del día. La revolución es la obra del proletariado como clase, y la clase sólo puede ser llevada a la acción por encima de cualquier partido o grupo de interés, y sólo puede tener éxito en su función en la forma de soviets.

2. El papel del partido
El partido comunista revolucionario es un instrumento de la revolución, y como tal debe servir a ese propósito. No tiene intereses separados de la clase trabajadora, sino que es sólo una expresión del hecho de que, las minorías, se vuelven conscientemente revolucionarias antes que las amplias masas. Usa esta ventaja sólo en interés de la clase trabajadora. No busca el poder para sí mismo o para cualquier burocracia, sino que trabaja para fortalecer el poder de los consejos obreros, los soviets. No está interesado en hacerse con posiciones, sino en colocar el poder en manos de los comités de trabajadores, ejercido por los trabajadores mismos. No busca dirigir a los trabajadores, sino que les dice que usen su propia iniciativa. Es una organización de propaganda por el comunismo y muestra, mediante el ejemplo, cómo luchar en la acción.
El partido comunista revolucionario no compite con otras organizaciones por miembros o por el control de masas de trabajadores. No busca poder dentro del capitalismo, de modo que para él carecen de utilidad los parlamentos o los sindicatos; pero, comprendiendo la naturaleza reaccionaria de aquéllos, debe combatir todas las organizaciones que tienden a alejar a los trabajadores de la verdadera lucha y del objetivo revolucionario.
Debido a que la explotación de los trabajadores en el capitalismo sólo es posible gracias a que la clase capitalista controla los medios de producción, y así también el producto, el partido no sólo luchará por la revolución, sino por poner este control en manos de los trabajadores. La revolución proletaria por el comunismo debe abolir el sistema salarial, y de este modo el partido está por suprimir la relación de salario y capital. El partido lucha contra el “comunismo de Estado”, por el verdadero comunismo, igual que combate la dictadura del partido, por la dictadura del proletariado.
Aunque no haya llegado todavía en los Estados Unidos la fase del conflicto final entre capitalismo y comunismo, esto no excluye la posibilidad de un verdadero programa revolucionario. El partido, ya que no tiene intereses separados de la clase trabajadora, lucha en todo momento con ella en sus luchas por la existencia, siempre apuntando a la necesidad final de la revolución proletaria. El partido se compromete en las luchas por demandas inmediatas, en tanto los trabajadores mismos están directa y efectivamente comprometidos en la lucha. Rechaza hacer cualquier cosa por los trabajadores, puesto que nadie puede hacer algo por ellos que ellos mismos no puedan lograr. El partido participará en la lucha de los desempleados, en huelgas, y en toda actividad que profundice y agudice la lucha de clases, y desarrollará la autoiniciativa y militancia de los trabajadores. El partido, bajo ninguna circunstancia, se compromete en cualquier forma de actividad parlamentaria, o actúa como mediación entre capital y trabajo en el campo sindical. Sólo está interesado en la pelea y la lucha de los trabajadores, y en la revolución proletaria; hacer del movimiento obrero un negocio se lo deja a sus enemigos.
Nosotros, miembros de la clase trabajadora, nos encontramos en esta crisis mortal del capitalismo en una situación en la que las condiciones empeoran continuamente, se extiende la miseria general, somos sometidos a las matanzas de una clase capitalista implacable, amenazados por un despiadado movimiento mundial de fascismo, traicionados por la reaccionaria supuesta dirección obrera, obstaculizados por tradiciones obsoletas y confrontando numerosas luchas intensificadas. Es necesario, en esta situación, no sólo entender el proceso histórico, sino también reconocer nuestros enemigos. Nuestro deber, nuestra tarea histórica, está ante nosotros. En tanto la crisis mundial se profundiza, se aproxima la situación revolucionaria en la que se librará el conflicto final contra la barbarie capitalista, por la dictadura del proletariado y por la realización del verdadero comunismo -la asociación de productores libres e iguales.

VI. Programa del Partido de los Trabajadores Unidos de América

La crisis actual establece, definitivamente, que el capitalismo ha pasado su cenit y está ahora en sus etapas de declive. Estará en una crisis permanente mientras dure el orden capitalista. De ahora en adelante, los capitalistas sólo pueden retener su posición como clase dominante mediante una pauperización general, absoluta y continua de la clase trabajadora. Para asegurar este proceso de pauperización ininterrumpida, se vuelve necesario descartar la estructura política democrática y toma su lugar la dictadura abierta. El fascismo mundial confronta a la clase trabajadora, a menos que puedan establecer, a través de una revolución proletaria exitosa, la dictadura del proletariado en la forma de los soviets.
El viejo movimiento obrero no puede cumplir esta necesidad; no tiene oportunidad de sobrevivir a las matanzas de la clase dominante. Son incapaces de cumplir la tarea histórica del proletariado. Los movimientos reformista, sindicalista, bolchevique y neobolchevique, incluso contra sus propios deseos, actuarán según los intereses del capitalismo. Deben ser echados a un lado para dejar espacio a los soviets de los trabajadores, las organizaciones combatientes de la revolución.
Distinguiéndose de otros partidos, que en su ansiedad por la fuerza e influencia numéricas hacen concesiones a las clases agraria y pequeñoburguesa, el Partido de los Trabajadores Unidos mantiene que la única clase verdaderamente revolucionaria en la sociedad es el proletariado. Nosotros luchamos con los trabajadores en sus luchas por demandas inmediatas, en tanto los trabajadores mismos estén comprometidos en estas luchas, siempre señalando que la única solución final para la clase trabajadora es la revolución proletaria.
Nos oponemos a toda actividad parlamentaria y sindical, en tanto estas actividades no pueden lograr nada en el período de crisis permanente, sino que tienden a actuar contra los intereses de los trabajadores como clase; sólo la lucha efectiva de los trabajadores mismos puede lograr algún resultado. Sólo durante el período de derrumbe del capitalismo es históricamente posible la revolución proletaria, y la única forma de organización que puede sobrevivir y funcionar con éxito durante esta fase son los consejos obreros dirigidos por comités de acción.
Nuestra teoría y práctica es marxiana, y nos consideramos el verdadero movimiento comunista del presente y del futuro. Hemos de trabajar por la unidad entre los grupos como el nuestro, de los muchos países a lo largo del mundo, para dar vida a una nueva Internacional revolucionaria sobre la base de este programa.

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