1940-04 La situación en España y las tareas de los bolcheviques-leninistas [Munis]

Desde la declaración de guerra, el trabajo político de los bolcheviques
españoles se ha visto prácticamente suspendido. Todos nuestros camaradas
están desparramados entre los campos de concentración y las brigadas de
trabajo. Muy pocos pueden trabajar libremente. Las posibilidades de
contacto político entre ellos son muy raras. Cada grupo debe trabajar de
forma independiente y discutir sólo los problemas que se plantean. Según
informes recientes, nuestros camaradas, en diferentes campos, han
redactado informes en boletines manuscritos con materiales de discusión
sobre la guerra y sobre el POUM. En todos los lugares en los que las
condiciones lo han permitido, también se ha discutido el problema de la
naturaleza del estado soviético y la defensa de la URSS. Los informes
mencionan resoluciones favorables a las posiciones de la IV Internacional.
A pesar de esta forzosa situación de dispersión política, nuestros camaradas
mantienen estrechos lazos personales, y cada vez que se llegan a reunir
algunos bolcheviques-leninistas, su inmediata constitución en grupo les da
superioridad sobre cualquier otra formación política (POUM., anarquista,
socialistas). Esto nos ha permitido al menos ganar algunos militantes sobre
el POUM. El contacto entre nuestros camaradas españoles y los franceses
está asegurado por uno de nuestros militantes, que actúa como centro de
dirección y coordinación.

Realmente, éste no es un balance importante, pero demuestra por lo menos
la homogeneización y el espíritu militante de nuestros camaradas. El
POUM., con medios económicos, y un número mucho mayor de militantes,
no ha sido capaz de hacerlo mejor. Sus militantes han sido completamente
abandonados, y algunos no mantienen relaciones amistosas. En cuanto a
este partido poco después de la declaración de guerra, se adhirió al JARE,
organización de Indalecio Prieto, con el pretexto de ayudar a los
refugiados, lo que, evidentemente, no es más que una tapadera. En realidad,
sostiene al imperialismo anglo-francés. No se conoce ninguna declaración
oficial del POUM. sobre la guerra. Todas las informaciones que nos llegan
de nuestros camaradas están de acuerdo en la existencia en este partido de
una tendencia que tiende a considerar que el restablecimiento de la
monarquía en España será un hecho positivo. Igual que entre los socialistas
y los republicanos, este tipo de tendencias significa un apoyo a los
imperialismos aliados que ganarían con la restauración. De esta forma, si
no por sus declaraciones, sí por su silencio, el POUM. está lejos de haber
adoptado una postura internacionalista. La presencia de Gorkin en el
congreso del Partido Socialista Americano, acentúa más su tendencia hacia
el imperialismo democrático.
En realidad, todas las tendencias políticas son inexistentes entre los
refugiados políticos que viven en Francia. A cambio del derecho de asilo,
los dirigentes socialistas y anarquistas pagan a Francia por medio de su
apoyo, en cuya consideración se convierten en asunto del gobierno francés.
Por lo que respecta a la base, los mejores combatientes, que en su mayoría
aún están en Francia, han sido totalmente abandonados, lo que les obliga a
vender sus servicios a las “democracias” en las brigadas de trabajos
forzados. Una parte de los dirigentes anarquistas entre los que se
encuentran los antiguos jefes militares García Oliver y Santillán, intentan
construir un partido político con todos los rasgos de los viejos partidos
reformistas. La oposición que han encontrado en sus propias filas ha
retrasado esta empresa. Pero los anarquistas españoles van inevitablemente
hacia una importante escisión, ocasión por la cual, considero como posible
ganar a nuestra tendencia a excelentes militantes revolucionarios. Por una
parte estará la base obrera y revolucionaria de la CNT. Los prejuicios
apolíticos que suelen tener, están impregnados de un espíritu
profundamente revolucionario, y el balance que hacen instintivamente de
los acontecimientos españoles, no es, en principio, favorable a los
principios anarquistas. En México, en Santo Domingo y en Francia,
tenemos contactos con obreros anarquistas, que tienen gran simpatía por
nuestras actividades, toman interés por nuestras discusiones y comienzan a
sacar conclusiones revolucionarias políticas de sus reflexiones sobre la
experiencia española. Creo que es importante citar mi experiencia personal en México, con un dirigente de la juventud anarquista, con el que había
discutido a veces en Barcelona después de las jornadas de mayo. Al
reconocerme, en uno de los locales de refugiados en México, sus primeras
palabras fueron para evocar nuestras discusiones en España: “Pienso a
menudo en lo que me decías y creo que tenías razón”, éstas fueron sus
palabras. Los principios anarquistas han perdido interés para estos
camaradas. Su entrada en el campo bolchevique no depende más que del
tiempo y del buen trabajo de nuestro partido. Creo que tenemos serias
posibilidades de ganar un número considerable de obreros anarquistas en la
emigración.
Incluso en España, se han comenzado a restablecer los contactos. Tenemos
contactos en Madrid y en Barcelona, por ejemplo, con camaradas que han
sido detenidos o apresados en los campos de concentración de Franco.
Todos los camaradas que no han sido arrestados, han recomenzado su
actividad. Tienen contactos con los anarquistas y discuten con ellos, pero
su situación es muy precaria. Al ser conocidos en su mayoría, se ven
obligados a vivir con documentación falsa, no pudiendo encontrar trabajo.
En Barcelona, un joven camarada corre el riesgo de ser condenado a
muerte. Es de origen campesino, de excelente nivel político. Según las
informaciones del camarada Carlini, que ha vivido ocho meses en
Barcelona bajo el régimen de Franco, la desmoralización del proletariado
es grande, acentuada además por sus terribles condiciones de vida, peores
que durante la guerra. Pero el estado de espíritu dominante es el de una
hostilidad pasiva al régimen, y en ciertas regiones, como en Andalucía y en
Asturias, de hostilidad activa. Esta hostilidad pasiva se extiende incluso a
ciertos elementos de la pequeña burguesía urbana y rural. La prueba de esto
es que el camarada Carlini pudo hacer el viaje desde Barcelona a la frontera
a pie, sin dinero pidiendo a los campesinos hospitalidad e indicaciones que
le permitieran escapar a la vigilancia de la Guardia Civil.
En las montañas de las provincias de Andalucía y Asturias, existen aún
numerosos grupos armados, hostiles a la Guardia Civil, que llevan a cabo
audaces operaciones contra los destacamentos franquistas. He visto con mis
propios ojos una proclama de las autoridades franquistas dirigida a los
“fugitivos de las montañas” llamándoles a rendirse y a tener confianza en la
“clemencia del Caudillo”. Parece cierto que en algunos pueblos pequeños,
todos los hombres en condiciones están en los montes y las autoridades se
ven impotentes para acabar con la solidaridad de los pueblos.
A pesar de que el régimen de Franco tiene otras dificultades
suplementarias, que no es necesario enunciar aquí, esto no significa que
deba esperarse su próxima caída. Es posible que la evolución de la guerra europea conduzca al restablecimiento de la monarquía, pero esta
eventualidad, así como la de la consolidación del sistema de la Falange
española, nos permite esperar que el proletariado español será capaz de
mantener un potente movimiento clandestino contra el fascismo. Por
nuestra parte, debemos dedicar todas nuestras fuerzas hacia la creación de
grupos activos clandestinos de la IV Internacional.
Disponemos de factores fundamentales para conseguirlo. Han quedado en
España algunos militantes capaces. En la emigración hay excelentes
camaradas. Por otra parte, no son lo suficientemente asequibles a un trabajo
crítico los sectores anarquistas, socialista e incluso estalinista, constructivo.
La primera etapa, que consiste en reunir en México a los principales
camaradas, está a punto de ser realizada. La realización de las siguientes
etapas depende de nosotros y de la solidaridad de la organización
internacional. Hay que crear un fuerte movimiento bolchevique-leninista
entre los emigrados, y encontrar el camino para entrar en España.
Necesitamos como mínimo inmediato una ayuda material que nos permita
asegurar la publicación de nuestro semanario. Lo demás recae sobre
nosotros mismos, incluida la subsistencia económica.
Sería erróneo subestimar el trabajo en España por el hecho de la
liquidación de la revolución. El espíritu revolucionario vive en España, y
éste será el país en el que la lucha clandestina adquirirá la mayor
intensidad. Por otra parte, una organización no se construye rápidamente la
víspera de la revolución, sino únicamente como resultado de un largo
período de luchas, de experiencias victoriosas. Queremos restablecer y
restableceremos en España la tradición de la lucha revolucionaria
clandestina del bolchevismo. El pueblo español tomará la primera ocasión
que se le presente para acabar con el poder de Franco. Debemos estar
preparados. Para eso necesitamos la ayuda de la organización internacional.

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