2007-06 Homenaje a Andreu Nin y Camillo Berneri

Con Nin y Berneri en el Palau de la Virreina

Crónica del acto de homenaje a Andreu Nin y Camillo Berneri

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por Pepe Gutiérrez-Álvarez

Era la primera vez que se conmemoraba el asesinato de Nin, y lo habíamos hecho evocando al mismo tiempo el del Camillo Berneri, sobre el que ya había hablado el camarada Flavio Guidi en las jornadas de la fundació Andreu nin en el Colegio de Periodistas, justamente el día 5 de mayo, y casi a la misma hora en que se cumplían los setenta años de su desaparición junto a su compañero Barbieri. Se había hecho cierta propaganda, sobre todo mediante diversas páginas webs, y también con un tríptico que, lamentablemente, se efectuó sobre la base de una primera traducción del “Manifiesto del 16 de junio llena de erratas, y no sobre la segunda minuciosamente corregida,

Tempranamente llegó Teresa Rebull, que era la más joven del grupo poumista de París, amén de la compañera de “Pep” Rebull, una de las voces más críticas del POUM en aquel mayo del 37. Teresa tuvo su propia trayectoria y servidor la recordaba en París cantando ’La Campana’, una canción de la resistencia griega de Mikis Theodorakis, junto con un joven Raimon y Xavier Ribalta. Me contaba que la llamaban desde muchos sitios, que estaba invitada a hablar en Viena y que en una entrevista para ’La Vanguardia’ había hecho orgullo y proclama de su poumismo ya que, como dirá en sus recuerdos, y repetimos en el acto: “He tenido muchas, muchas dudas en mi vida, pero nunca, nunca he dudado de mi militancia en el POUM”. Y allí estaba como otros veteranos que ocuparon los asientos facilitados por el Ayuntamiento. Al poco llegaron Wilebaldo Solano y su compañera Mª Teresa Carbonell, y los encuentros de los testigos de la historia se abrazaron. Tanto, tanto tiempo…

A las doce del mediodía el patio del Palau de la Virreina estaba hasta la bandera. Amigos y amigas de la Fundació, Silvia Molina con sus cámaras, Yago Costa-Amic tratando todavía de encontrar acompañamiento musical ya que La Virreina no había consentido la actuación musical que habría corrido a cargo de la orquesta ’Les trintxeras’, familiares de Nin, camaradas italianos, gente diversa, numerosos militantes de grupos como el POR, Revolta Global, los de ’En Lucha’ habían traído una pegatina que reproducía la pregunta del POUM en catalán: “Gobierno Negrín, ¿Dónde está Nin?”. Más antiguos militantes, amigos del PSUC viu como Jaume Botey y Ramón Franqueza… Estas cosas están bien, sobre todo si aclaran las cosas y ayudan para curar vejas heridas. Sinceramente, echaba en falta la representación libertaria. Eduardo Pons Prades, me decía yo, habría venido de haber podido, me preguntaba qué podía ser lo que motivara tan patética ausencia. A todo esto apareció Abel Paz, y se le invitó a hablar, y del hombre se puede decir cualquier cosa menos hipócrita. Cuando le tocó hablar dijo que Nin y Berneri no tenían nada que ver, y nos tachó a todos de falsos, menos mal que fue breve y acabó dando las gracias por la invitación. De nada, nunca más.

Había empezado Pelai Pagès que ofreció un retrato del Nin “viviente”, subrayando todo lo que permanecía; siguió Claudio Venza, el principal estudioso de Camillo Berneri que en poco más de diez minutos desplegó una muestra de todo lo que el personaje permitía, el final lo puso Wilebaldo Solano, obviamente emocionado por todo. Contó porqué el POUM se había reunido en aquel edificio, de qué hablaron, y que ocurrió, detalles que ya había dado a conocer en un lejano artículo (1), y ofreció más detalles en un ambiente de intensa emotividad. Al final de su discurso, los aplausos se dilataron, y algunas voces gritaron “!Viva el POUM!”.

Me tocó presentar. Aquello el cierre de una activisima campaña que la Fundació había desarrollado en los últimos meses para debatir sobre las jornadas del mayo de 1937, y lo había hecho defendiendo la revolución y el honor del POUM al margen de tales o cuales aspectos críticos. La idea tomó forma cuando Flavio Guidi me contó que en un mitín de la CNT anterior a los acontecimientos, y en el que hablaba Federica Montseny, los presentes comenzaron a gritar, “!Ber-ne-ri-Nin, Ber-ne-ri-Nin¡”. Se trataba de apostar por la convergencia, también por la reconstrucción de la verdad, y por esta senda, dar paso a la superación de las “guerras” entre las izquierdas. De ahí que el “Manifest” buscara una combinación entre la verdad y la integración crítica, condenar sin paliativos para trabajar lo más ampliamente posible.

El “Manifest” que leyó con maestría Carme Sansa, contaba ya con numerosas firmas de todo el Estado, comenzando por portavoces de revistas como El Viejo Topo, Mientras tanto, SinPermiso, Viento Sur, de representantes de diversos grupos de la izquierda marxista incluyendo del PSUC viu, y de la Fundació Pere Ardiaca, de numerosos amigos y amigas del ámbito libertario, y la lista seguía creciendo. Dentro de poco contaremos con un DVD gracias al empeño de Silvia Molina que ya había producido una filmación con dos DVD sobre las Jornadas en el Colegio de Periodistas en los que se recogían las intervenciones de Andy Durgan, Rainer Torstoff, Just Cases, Dolores Martin, Pelai Pagès, Wilebaldo Solano y del que escribe.

Se trataba de una tarea más entre todas las que se estaban preparando desde diversas ediciones (entre ellas dos libros capitales de Nin, sus escritos sobre España 1930-1937 y ’Els moviments d’emancipació nacional’), unas posibles jornadas sobre mujeres revolucionarias del 36, quizás otras en homenaje a Bujarin de acuerdo con otras entidades , y un largo etcétera. De alguna manera, se invitaba a los presentes interesados, a colaborar en lo posible con la Fundació menos institucional pero más activa del Principat.


(1) Texto leído por Wilebaldo:

“Nunca olvidaré aquel 16 de junio de 1937. Para muchos fue, sin duda, un día más en la Barcelona herida por la guerra y las consecuencias de las jornadas de mayo. Pero para Andreu Nin y sus camaradas de lucha fue una jornada dramática, que ha entrado como tal en la historia de España y del socialismo internacional.

Desde las jornadas de mayo, el POUM había adoptado medidas especiales para protegerse de una posible represión. El comité ejecutivo ya no se reunía en el local central del partido. Lo hacía en otros lugares y, con frecuencia, en una discreta sala del palacio de la Virreina.

La reunión del 16 de junio comenzó hacia las 10 de la mañana bajo la presidencia de Andreu Nin. Estaban presentes Pedro Bonet, Juan Andrade, Jordi Arquer, Julián Gorkin, Gironella, Narcis Molins i Fábrega y el autor de estas líneas. Josep Rovira, jefe de la 29ª División, se encontraba en el frente de Aragón. Después de un profundo análisis de la situación política y de la evolución de la lucha militar iniciado por Nin, se manifestaron fuertes inquietudes ante el viraje político que había supuesto la reciente caída de Largo Caballero.

Los tres problemas más apremiantes podían resumirse así: la defensa de nuestra prensa, los últimos preparativos del congreso del POUM, que tenía que inagurarse el 19 de junio, tres días después, en el Teatro Poliorama, y la preparación de una importante conferencia internacional de partidos comunistas y socialistas independientes.

Nuestro diario, La Batalla, estaba suspendido; y su director, Julián Gorkin, tenía que comparecer ante un tribunal popular el día 18. La decisión fue que Gorkin se presentara ante el tribunal para defender al partido contra las calumnias estalinistas y convertirse en un verdadero acusador. En Barcelona las cosas no podían desarrollarse como en Moscú.

A este propósito, vale la pena recordar que, desde hacía tres semanas, Juventud Comunista, semanario de nuestra organización juvenil, se publicaba con una paginación más importante que de ordinario y con artículos de los principales dirigentes del partido. para el número que tenía que salir justamente el día 16, Nin me había entregado el día antes un artículo suyo, que fue ¡su último artículo!

La reunión del comité ejecutivo del POUM -que iba a ser también la última presidida por Nin- se terminó hacia la una de la tarde. Nin, Bonet y otros compañeros se dirigieron a la sede del partido, frente al Poliorama, donde solían aparecer de vez en cuando para afirmar su presencia efectiva en aquellos días inseguros, pues habían comenzado las desapariciones. Nadie quería dar la impresión de esconderse. Como se sabe, Nin fue advertido de que iban a detenerle. Pero tuvo una reacción de orgullo y dijo: « No se atreveran ». Él, naturalmente, pensaba en las autoridades legales. No imaginaba la posibilidad de que los agentes de la policía de Stalin pudieran dar un golpe pasando por encima del gobierno de la República y del Consell de la Generalitat, con la colaboración de algunos dirigentes del PCE y del PSUC.

Yo me enteré de la detención de Nin pocos minutos después, en el local de la Juventud Comunista Ibérica, situado en lo alto del Paseo de Gracia, donde, con otros compañeros, estaba preparando la salida del número especial de Juventud Comunista.

Inmediatamente, sobre la base de las pruebas de imprenta que ya poseíamos, rehicimos la primera página de Juventud Comunista, denunciando a siete columnas la detención de Nin. Luego, salimos para la imprenta de Baños Nuevos, donde tratamos de introducir las modificaciones de maqueta que se imponían y sacar enseguida el periódico. Vimos las formas al pie de la rotativa y, cuando nos aprestábamos a organizar la difusión en masa del semanario por las calles de Barcelona, se presentó la policía. Algunos de nosotros escapamos a la detención, gracias a la ayuda de los obreros de la imprenta, que nos previnieron a tiempo.

Salimos de la imprenta de Baños Nuevos hacia las seis de la tarde, ebrios de furor, pero decididos a organizar por todos los medios la defensa de Nin y de los demás compañeros detenidos. El comité ejecutivo de la Juventud Comunista Ibérica se reunió rápidamente para movilizar a la organización. Aseguramos enseguida el enlace con el comité de Barcelona y con los compañeros del comité ejecutivo del POUM que no habían sido detenidos, Molins i Fábrega y Gironella en particular.

Era un 16 de junio. En Barcelona lucía un sol espléndido y el azul del cielo era realmente maravilloso. Lejos, en los parapetos de los frentes de Aragón, de Levante y de Andalucía, y en las propias trincheras de la Moncloa, militantes del POUM y de la JCI luchaban y morían mientras sus dirigentes eran calumniados, detenidos y, pronto, hasta asesinados. Al día siguiente, en las calles de Barcelona, las gentes leían asombradas en los muros: « ¿Dónde está Nin? ». La prensa, sometida a la censura, no dijo nada hasta el día 22”.

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