1934 La teoría del derrumbe del capitalismo [Pannekoek]

Traducido y digitalizado por el Círculo Internacional de Comunistas Antibolcheviques

La idea de que el capitalismo se encontraba en su crisis final dominó los primeros años de la revolución rusa. Cuando el movimiento revolucionario de los obreros de Europa Occidental fue abatido, la Tercera Internacional abandonó esta teoría, pero ésta fue mantenida por el movimiento de oposición, el KAPD, que adoptó la teoría de la crisis mortal del capitalismo como la característica distintiva entre los puntos de vista revolucionario y reformista. La cuestión de la necesidad y de la inevitabilidad del derrumbe del capitalismo, y la manera en que esto debe ser entendido, es la más importante para la clase obrera y su comprensión y táctica. Rosa Luxemburgo ya había lidiado con ésta en 1912 en su libro “La acumulación del capital”, donde concluyó que en un sistema capitalista puro y cerrado la plusvalía necesitada para la acumulación no podía ser realizada y que por lo tanto era necesaria la constante expansión del capitalismo a través del comercio con países no-capitalistas. Esto significa que el capitalismo colapsaría, que no podría seguir existiendo como sistema económico, cuando esta expansión ya no fuera posible. Es esta teoría, que fue desafiada desde diferentes sectores ni bien el libro fue publicado, a la que el KAPD se refería corrientemente. Una teoría muy diferente fue desarrollada por Henryk Grossmann en su trabajo de 1929 Das Akkumulations und Zusammenbruchsgesetz des Kapitalistischen Systems (La ley de la Acumulación y del Derrumbe del Sistema Capitalista). Grossmann deduce que el capitalismo debe colapsar por razones puramente económicas en el sentido que, independientemente de la intervención humana, revoluciones, etc., sería imposible para él seguir existiendo como sistema económico. La severa y duradera crisis que empezó en 1930 ciertamente había preparado las mentes de las personas para tal teoría de la crisis mortal. El manifiesto recientemente publicado de los Obreros Unidos de América convertía a la teoría de Grossmann en la base teórica para una nueva dirección del movimiento obrero. Por lo tanto es necesaria examinarla críticamente. Pero para hacer esto no puede evitarse una explicación preliminaria de la posición de Marx sobre esta cuestión y las discusiones pasadas vinculadas con la misma.

Marx y Rosa Luxemburgo

En la segunda parte de El Capital Marx lidió con las condiciones generales de la producción capitalista como un todo. En el caso abstracto de una producción capitalista pura toda la producción se lleva a cabo para el mercado, todos los productos son comprados y vendidos como mercancías. El valor de los medios de producción es traspasado al producto y un nuevo valor es añadido por el trabajo. Este nuevo valor se descompone en dos partes: el valor de la fuerza de trabajo, que es pagada en la forma de salarios y es usada por los obreros para comprar medios de subsistencia, y el restante, la plusvalía, que va para el capitalista. Donde la plusvalía se utiliza para medios de subsistencia o bienes de lujo entonces hay reproducción simple; donde una parte de ésta es acumulada como nuevo capital hay reproducción en una escala extendida.

Para que los capitalistas encuentren en el mercado los medios de producción que necesitan y para que los obreros hagan lo mismo con los medios de subsistencia, debe existir una proporción determinada entre las diversas ramas de la producción. Un matemático expresaría esto fácilmente en una fórmula algebraica. En vez de eso, Marx presenta ejemplos numéricos para expresar estas proporciones, inventando casos con cifras seleccionadas, para que sirvan de ilustración. Él distingue dos esferas, dos divisiones principales de la producción: la división de medios de producción (I) y la división de medios de consumo (II). En cada una de estas divisiones se transfiere al producto un valor dado de los medios de producción utilizados sin sufrir ningún cambio (capital constante, c); una parte del valor agregado se usa para pagar la fuerza de trabajo (capital variable, v), la otra parte constituye la plusvalía (p). Si se asume para el ejemplo numérico que el capital constante es cuatro veces más grande que el capital variable (una cifra que asciende con el progreso tecnológico) y que el plusvalor es igual al capital variable (esta proporción es determinada por la tasa de explotación), entonces, en el caso de la reproducción simple, las siguientes cifras cumplen las siguientes condiciones:

I

4000c+1000v+1000p

=6000(producto)

II

2000c+500v+500p

=3000(producto)

Cada una de estas líneas satisface las condiciones. Dado que la suma de v y p, que son utilizados como medios de consumo, es equivalente a la mitad de c, el valor de los medios de producción, la División II debe producir un valor igual a la mitad del producido en la División I. Entonces se encuentra la proporción exacta: los medios de producción producidos (6000) son la cantidad justa necesitada para el próximo periodo: 4000c para la División I y 2000c para la División II; y los medios de subsistencia producidos en la División II (3000) son exactamente lo que debe ser provisto a los obreros (1000+500) y a los capitalistas (1000+500).

Para ilustrar de una manera similar el caso de la acumulación de capital debe indicarse la parte de plusvalía destinada a la acumulación; esta parte se agrega al capital en el año siguiente (por razones de simplicidad se asume un periodo de producción de un año) de manera que en cada división se emplea un capital más grande. Asumiremos en nuestro ejemplo que la mitad de la plusvalía se acumula (y de esta manera se usa para nuevo c y v) y la otra mitad se consume (consumo, k). El cálculo de la proporción entre la División I y la División II se complica pero por supuesto puede encontrarse aun. Resulta que, dadas las asunciones, esta proporción es 11:4, como se muestra en las siguientes cifras:

I

4400c+1100v+1100p

(=550k+550acc (=440c+110v))

=6600

II

1600c+400v+400p

(=200k+200acc (=160c+40v))

=2400

Los capitalistas necesitan 4400+1600 para la renovación y 440+160 para la ampliación de sus medios de producción, y de hecho encuentran en el mercado 6600 en medios de producción. Los capitalistas necesitan 550+200 para su consumo, los obreros originales necesitan 1100+400 y los nuevos obreros 110+40 como medios de subsistencia; lo que sumado es igual a 2400 efectivamente producidos como medios de subsistencia. En el año siguiente todas las cifras se incrementan un 10 por ciento:

I

4840c+1210v+1210p

(=605k+484c+121v)

=7260

II

1760c+440v+440p

(=220k+176c +44v)

=2640

De esta manera la producción sigue incrementándose cada año en la misma proporción. Este es, por supuesto, un ejemplo grosamente simplificado. Podría hacerse más complicado, y por lo tanto más cercano a la realidad, si se asume que hay diferentes composiciones del capital (la proporción c:v) en las dos divisiones, o diferentes tasas de acumulación o si la proporción c:v crece gradualmente, de esta manera cambiando la proporción entre la División I y la División II cada año. En todos estos casos el cálculo se complica, pero siempre puede ser realizado, ya que una cifra desconocida –la proporción entre la División I y la División II- siempre puede ser calculada para satisfacer la condición de que oferta y demanda coincidan.

Pueden encontrarse ejemplos de esto en la literatura. En el mundo real, por supuesto, el equilibrio completo durante un periodo no existe; las mercancías son vendidas por dinero y el dinero es utilizado sólo después para comprar algo más de manera que se forman reservas que actúan como un tope. Y las mercancías se mantienen sin vender; y existe comercio con áreas no capitalistas. Pero el punto esencial e importante se ve claramente desde estos esquemas de reproducción: para que la producción se expanda y progrese sostenidamente deben existir determinadas proporciones entre los sectores productivos; en la práctica estas proporciones se logran aproximadamente; dependen de los siguientes factores: la composición orgánica del capital, la tasa de explotación, y la proporción de plusvalía que se acumula.

Marx no tuvo la oportunidad de proveer una presentación cuidadosamente preparada de estos ejemplos (ver la introducción de Engels al segundo volumen de El Capital). Esto es sin duda el motivo por el cual Rosa Luxemburgo creía haber descubierto aquí una omisión, un problema que Marx había pasado por alto y había dejado sin resolver y cuya solución ella había obtenido en su libro La Acumulación del Capital (1912). El problema que parecía haberse dejado abierto era que, si uno iba a comprar del otro más y más medios de producción y medios de subsistencia, esto se volvería un movimiento circular sin sentido del cual nada resultaría. La solución estaba en la aparición de compradores situados afuera del capitalismo, mercados externos cuya conquista sería, por lo tanto, una cuestión vital para el capitalismo. Esta sería la base económica del imperialismo.

Pero por lo que hemos dicho anteriormente es claro que Rosa Luxemburgo había cometido un error en este punto. En el esquema usado como ejemplo puede verse claramente que todos los productos son vendidos dentro del mismo capitalismo. No sólo se trae, en la forma física de medios de producción, la parte del valor transmitida (4400+1600), sino también los 440+160 que contienen la plusvalía acumulada por los capitalistas que desean empezar el próximo año con un total de 6600 de medios de producción. De la misma manera, los 110+40 de la plusvalía son de hecho cambiados por los obreros adicionales. Tiene sentido: producir, vender productos entre sí, consumir, producir más, es la esencia entera del capitalismo y por lo tanto la vida de los hombres en este modo de producción. Aquí no hay ningún problema que Marx haya pasado por alto.

Rosa Luxemburgo y Otto Bauer

Poco después de la publicación del libro de Rosa Luxemburgo, éste recibió críticas de diferentes sectores. Otto Bauer escribió una de estas críticas en un artículo del Neue Zeit (7-14 de Marzo de 1913). Como en todo el resto de las críticas Otto Bauer empieza por asumir una sociedad socialista donde la población crece un cinco por ciento anual; por lo tanto la producción de medios de subsistencia debe crecer en la misma proporción y la de los medios de producción debe incrementarse, debido al progreso técnico, a un ritmo más rápido. Lo mismo debe pasar bajo el capitalismo pero aquí la expansión no toma lugar a través de una regulación planificada, sino a través de la acumulación de capital. Otto Bauer provee como un ejemplo numérico un esquema que satisface estas condiciones de la manera más simple: un crecimiento anual de capital variable de 5% y del capital constante un 10%, y una tasa de explotación de 100% (c=v). Estas condiciones determinan por sí mismas la cuota de plusvalía consumida y la cuota que debe ser acumulada para producir el correspondiente crecimiento de capital. No se necesitan cálculos dificultosos para armar un esquema que produce el crecimiento exacto de año a año.

Año 1

200.000c+100.000v+100.000p

(=20.000c+5.000v+75.000k)

Año 2

220.000c+105.000v+105.000p

(=22.000c+5.250v+77.750k)

Año 3

242.000c+110.250v+110.250p

(=24.200c+5.512v+80.538k)

Bauer continúa su esquema por cuatro años y también calcula por separado las cifras de la División I y la División II. Esto era suficiente para demostrar que no existía problema en el sentido que indicaba Rosa Luxemburgo. Pero la característica de esta crítica también estaba destinada a recibir críticas. Su idea básica está bien expresada en la introducción de Bauer sobre el crecimiento de la población en una sociedad socialista. Por lo tanto el capitalismo aparece como un socialismo no planificado, como un potro salvaje que aún no ha sido domado y sólo necesita ser domado por las manos de un domador socialista. Aquí la acumulación sólo sirve para incrementar la producción según el crecimiento poblacional, así como el capitalismo tiene la función general de proveer a la humanidad de medios de subsistencia; pero, debido a la falta de planificación, ambas funciones son llevadas a cabo mal y erráticamente, a veces proveyendo de más, a veces de menos, y causando catástrofes. Un crecimiento poblacional moderado de 5% anual también puede caber bajo una sociedad socialista donde la humanidad se encuentra bien alineada. Pero para el capitalismo, como es y como fue, este es un ejemplo inapropiado. La historia entera del capitalismo ha sido una violenta expansión bien lejos del límite del crecimiento poblacional. La fuerza motora ha sido la necesidad de la acumulación; el monto más grande posible de plusvalía ha sido invertido como nuevo capital y, para ponerlo en marcha, más y más secciones de la población han sido involucradas en este proceso. Había entonces, y hay hoy, una gran porción de obreros que permanecen afuera o casi afuera como una reserva, listos para servir a la necesidad de poner en marcha el capital acumulado, siendo involucrados o rechazados según esta necesidad. Esta característica esencial y básica del capitalismo fue completamente ignorada en el análisis de Bauer.

Era obvio que Rosa Luxemburgo tomaría esto como objetivo para su contra-crítica. En respuesta a la prueba de que no había problema de omisión en los esquemas de Marx, ella no podría aportar mucho más que la declaración burlona que cualquier cosa puede hacerse funcionar hermosamente en ejemplos artificiales. Pero convertir al crecimiento poblacional en el regulador de la acumulación era tan contrario al espíritu de la enseñanza Marxiana que el subtítulo de su contra-crítica « Lo que los epígonos han hecho con la Teoría Marxiana » era esta vez bastante adecuado. Aquí no era cuestión (igual que en el caso de Rosa Luxemburgo) de un simple error científico; el error de Bauer reflejaba el punto de vista político práctico de los socialdemócratas de aquel tiempo. Ellos sentían que eran los futuros hombres de Estado que desplazarían a los actuales políticos y llevarían a cabo la organización de la producción; por lo tanto ellos no veían al capitalismo como lo completamente opuesto a la dictadura del proletariado que sería establecida por la revolución, sino como un modo de producir medios de subsistencia que podía ser mejorado y todavía no había sido controlado.

El esquema de reproducción de Grossman

Henryk Grossman relacionó su esquema de reproducción con aquel propuesto por Otto Bauer. El notó que no es posible continuarlo indefinidamente en el tiempo sin caer en contradicciones. Esto es muy fácil de ver. Otto Bauer asume un capital constante de 200.000 que crece un 10% anual y un capital variable de 100.000 que crece un 5% anual, asumiendo una tasa de plusvalía del 100%, o sea, el plusvalor de cada año es igual al capital variable. De acuerdo a las leyes de la matemática, una suma que se incrementa un 10% anual se duplica en 7 años, se cuadriplica luego de 14, se incrementa 10 veces en 23 años y 100 veces en 46 años. De esta manera el capital variable y el plusvalor que en el primer año eran igual a la mitad del capital constante son después de 46 años a solamente una vigésima parte del capital constante que ha crecido enormemente en el mismo periodo. Por lo tanto el plusvalor está lejos de asegurar un 10% de crecimiento anual del capital constante.

Esto no es solamente el resultado de las tasas de crecimiento del 10 y 5% elegidas por Bauer. Ya que de hecho en el capitalismo el plusvalor se incrementa menos rápido que el capital. Es un hecho bien conocido que, debido a esto, la tasa de ganancia debe caer continuamente con el desarrollo del capitalismo. Marx dedicó muchos capítulos a esta caída de la tasa de ganancia. Si la tasa de ganancia cae a 5% el capital ya no puede incrementarse un 10%, ya que el incremento del capital producto de la plusvalía acumulada es necesariamente más pequeño que la plusvalía misma. Evidentemente la tasa de acumulación de esta manera tiene a la tasa de ganancia como su tope (ver Marx, El Capital, Volumen III, p. 236, donde se establece que « la tasa de acumulación cae con la tasa de ganancia »). El uso de una cifra fija -10%- que era aceptable por un periodo de unos pocos años con Bauer, se vuelve inaceptable cuando el esquema de reproducción es continuado por un periodo largo.

A pesar de esto Grossman, despreocupado, continúa el esquema de Bauer año por año y cree que de esa manera está reproduciendo el capitalismo. Él entonces encuentra las siguientes cifras para el capital variable y el constante, la plusvalía, la necesaria acumulación y el monto restante para el consumo de los capitalistas (las cifras han sido redondeadas en miles):

c

v

p

acumulación

k

Comienzo

200

100

100

20+5=25

75

Luego de 20 años

1222

253

253

122+13=135

118

Luego de 30 años

3170

412

412

317+21=338

74

Luego de 34 años

4641

500

500

464+25=489

11

Luego de 35 años

5106

525

525

510+26=536

-11

Luego de 21 años la cuota de plusvalía restante para el consumo empieza a disminuir; en el año 34 casi desaparece y en el año 35 es negativa; el Shylock [1] del capital constante demanda lastimosamente su libra de carne, quiere crecer al 10%, mientras los pobres capitalistas se hambrean y no conservan nada para su propio consumo.

« Por lo tanto desde el año 35 la acumulación -en la base del progreso tecnológico existente- no puede seguirle el paso al crecimiento poblacional. La acumulación sería demasiado pequeña y necesariamente se alzaría un ejército de reserva que tendría que crecer cada año » (Grossman, p. 126)

En tales circunstancias los capitalistas no piensan en continuar la producción. O si lo piensan, no lo hacen; ya que, en vista del déficit de 11 en la acumulación de capital tendría que reducir la producción. (De hecho tendrían que haberlo hecho antes en vista de sus gastos de consumo). Por lo tanto una parte de los obreros se queda sin su empleo; entonces una parte del capital queda inutilizada y el plusvalor producido disminuye; la masa de plusvalor cae y un déficit aun mayor aparece en la acumulación, con un incremento aun mayor en el desempleo. Esto es, entonces, el derrumbe económico del capitalismo. El capitalismo se vuelve económicamente imposible. De esta manera resuelve Grossman el problema que había establecido en la página 79:

« ¿Cómo, de qué manera, puede la acumulación guiar al derrumbe del capitalismo? »

Aquí encontramos lo que en la vieja literatura marxista siempre se trataba como estúpidos malentendidos de parte de los oponentes, para los cuales era corriente el nombre « el gran derrumbe ». Sin haber una clase revolucionaria que desborde y expropie a la burguesía, el fin del capitalismo viene por razones puramente económicas; la máquina ya no funciona, se traba, la producción se vuelve imposible. En palabras de Grossman:

« … con el progreso de la acumulación capitalista el mecanismo entero, pese a interrupciones periódicas, necesariamente se aproxima más y más a su fin… La tendencia al derrumbe cobra entonces primera importancia y se hace sentir absolutamente como ‘la crisis final’. » (p. 140)

y, en un pasaje posterior:

« … de nuestro análisis es claro que, aunque en nuestras asunciones es objetivamente necesario y el momento en que ocurrirá puede ser calculado con precisión, el derrumbe del capitalismo no necesariamente resultará automáticamente por sí mismo en el momento esperado y por lo tanto no puede ser aguardado de manera puramente pasiva » (p. 601)

En este pasaje, donde puede pensarse por un momento que se habla de un rol activo del proletariado como sujeto revolucionario, Grossman sólo tiene en mente cambios en los salarios y los tiempos de trabajo que disturban las asunciones numéricas y los resultados del cálculo. Es en este sentido que continúa:

« De esta manera parece que la idea de un derrumbe necesario por razones objetivas no está de ninguna manera en contradicción con la lucha de clases; que, por el contrario, el derrumbe, a pesar de su necesidad objetivamente dada, puede ser grandemente influido por las fuerzas vivas de clases en lucha y deja un cierto margen de juego para la intervención activa de clases. Es por esta precisa razón que en Marx el análisis entero del proceso de reproducción guía a la lucha de clases » (p. 602)

El « es por esta precisa razón » dice mucho, como si la lucha de clases fuera para Marx solamente la lucha por reclamos salariales y horas de trabajo.

Consideremos un poco más de cerca la base de este derrumbe. ¿En qué se basa el crecimiento necesario del capital constante de 10 por ciento por vez? En la cita de arriba fue dicho que el progreso técnico (la tasa del crecimiento de población dada) prescribía un determinado aumento anual de capital constante. De manera que podría decirse, sin el desvío del esquema de producción: cuando la tasa de ganancia se vuelve menor a la tasa de crecimiento requerida por el progreso técnico el capitalismo debe colapsar. Dejando de lado el hecho de que esto no tiene nada que ver con Marx, ¿qué es este crecimiento de capital exigido por la tecnología? Las mejoras técnicas, en el contexto de la competición mutua, son introducidas para obtener una ganancia adicional (plusvalía relativa); sin embargo la introducción de mejoras técnicas se encuentra limitada por los recursos financieros disponibles. Y todo el mundo sabe que docenas de invenciones y mejoras técnicas no son introducidas y son a menudo suprimidas deliberadamente por los empresarios para no devaluar el aparato técnico existente. La necesidad del progreso técnico no actúa como una fuerza externa; funciona a través de los hombres, y para ellos la necesidad no es válida más allá de la posibilidad.

Pero hagamos de cuenta que esto es correcto y que, como resultado del progreso técnico, el capital constante tiene que tener una proporción variable, como en el esquema: en el trigésimo año una proporción de 3170:412, en el trigésimo cuarto 4641:500, en el trigésimo quinto 5106:525, y en el trigésimo sexto, 5616:551. En el año Nº 35 la plusvalía es solamente de 525.000 y no es suficiente para añadir 510.000 al capital constante y 26.000 al capital variable. Grossmann deja que el capital constante crezca por 510.000 y solamente retiene 15.000 como aumento en capital variable – ¡11.000 menos de lo necesario! Él dice de esto:

“11.509 trabajadores (de cada 551.000) permanecen desempleados; el ejército de reserva comienza a formarse. Y como el conjunto de la población en activo no se incorpora al proceso de producción, la cantidad entera del capital constante adicional (510.563) no es necesaria para la compra de medios de la producción. Si una población de 551.584 utiliza un capital constante de 5.616.200, entonces una población de 540.075 utilizaría un capital constante de solamente 5.499.015. Sigue habiendo, por lo tanto, un exceso de capital de 117.185 sin salida de inversión. De esta manera el esquema muestra un ejemplo perfecto de la situación que Marx tenía en mente cuando dio a la parte correspondiente del tercer volumen de El Capital el título de ‘Exceso de capital y exceso de población’. (P. 116)”.

Claramente, Grossmann no ha notado que estos 11.000 llegan al desempleo solamente porque, en una manera completamente arbitraria y sin dar ninguna razón, él hace que el capital variable cargue con todo el déficit, mientras deja que el capital constante crezca tranquilamente un 10 por ciento anual como si todo estuviera bien; pero cuando él se da cuenta que no hay trabajadores para todas estas máquinas, o más correctamente que no hay dinero para pagar sus salarios, él prefiere no instalarlos y así tiene que dejar yacer al capital sin uso. Es solamente a través de este error que él llega un “ejemplo perfecto” de un fenómeno que aparece durante las crisis capitalistas ordinarias. De hecho los empresarios solamente pueden ampliar su producción hasta el punto de que su capital sea suficiente tanto para la maquinaria como para los salarios. Si la plusvalía total es demasiado pequeña, esta será dividida, de acuerdo con el constreñimiento técnico asumido, proporcionalmente entre los elementos del capital; el cálculo demuestra que de la plusvalía de 525.319, 500.409 se deben agregar al capital constante y 24.910 al capital variable para llegar la proporción correcta que corresponde al progreso técnico. No 11.000 sino 1.326 trabajadores son liberados y no hay cuestión de exceso del capital. Si el esquema se continúa de esta manera correcta, en vez de una erupción catastrófica hay un aumento extremadamente lento en el número de los trabajadores despedidos.

¿Pero cómo puede alguien atribuir este supuesto derrumbe a Marx y, capítulo tras capítulo, hacer docenas de citas a Marx? Todas estas citas se relacionan de hecho con las crisis económicas, con el ciclo alternativo de prosperidad y depresión. Mientras que el esquema tiene que servir para demostrar un predeterminado derrumbe económico final después de 35 años, leemos dos páginas más adelante de la “teoría marxiana del ciclo económico aquí expuesta” (P. 123).

Grossmann solamente es capaz de dar la impresión que está presentando una teoría de Marx dispersando continuamente a través de sus propios comentarios numerosas declaraciones de Marx sobre las crisis periódicas. Pero nada puede encontrarse en Marx sobre un derrumbe final conforme al esquema de Grossmann. Es verdad que Grossmann cita un par de pasajes que no se ocupan de las crisis. Así escribe en la página 263:

“Parece que ‘el modo capitalista de producción halla en el desarrollo de las fuerzas productivas una barrera …’ (Marx, capital, vol. III, P. 237)”.

Pero si abrimos el volumen III de El Capital en la página 237 leemos allí:

“Pero lo importante de su horror [de Ricardo y de otros economistas] a la tasa decreciente de ganancia es la sensación de que el modo capitalista de producción halla en el desarrollo de las fuerzas productivas una barrera… “

Lo cuál es algo absolutamente diferente. Y en la página 79 Grossmann cita este pasaje de Marx como prueba de que incluso la palabra “derrumbe” viene de Marx:

“Este proceso pronto provocaría el derrumbe de la producción capitalista, si no operasen constantemente tendencias contrarrestantes con un efecto descentralizador, junto a la fuerza centrípeta. (Capital, Vol. II, p. 241)”

Como Grossmann acentúa correctamente, estas tendencias contrarrestantes se refieren “pronto” de modo que con ellas el proceso solamente ocurra más lentamente. ¿Pero estaba hablando de Marx de un derrumbe puramente económico? Leamos el pasaje que precede a la cita de Marx:

“Esta escisión entre las condiciones de trabajo, por una parte, y los productores, por la otra, es lo que constituye el concepto del capital: se inaugura con la acumulación originaria, aparece luego como proceso constante en la acumulación y concentración del capital y se manifiesta aquí finalmente como centralización de capitales ya existentes en pocas manos y descapitalización de muchos (que bajo esta forma modificada se presenta ahora la expropiación).”

Está claro que el derrumbe que de esta manera resulta es, como tan a menudo en Marx, la conclusión del capitalismo por el socialismo. De manera que no hay nada en las citas de Marx: una catástrofe económica final puede ser tan poco leída en ellas como puede concluirse del esquema de reproducción. ¿Pero puede el esquema servir para analizar y para explicar las crisis periódicas? Grossmann busca ensamblar las dos en una: “La teoría marxiana del derrumbe es al mismo tiempo una teoría de la crisis” – así se dice al principio del capítulo 8 (P. 137). Pero como prueba sólo proporciona un diagrama (P. 141) en el cual una escarpada y ascendiente “línea de acumulación” es dividida después de 35 años; pero aquí una crisis ocurre cada 5 o 7 años cuando en el esquema todo transcurre apaciblemente. Si se desea un derrumbe más rápido podría obtenérselo si el índice de crecimiento anual del capital constante fuera no de 10 por ciento sino mucho mayor. En el período ascendente del ciclo económico hay de hecho un crecimiento mucho más rápido del capital; el volumen de la producción aumenta en saltos; pero este crecimiento no tiene nada que ver con el progreso técnico. De hecho, en estos períodos el capital variable también aumenta rápidamente en saltos. Pero el motivo de un derrumbamiento cada 5 o 7 años permanece oscuro. En otras palabras las causas verdaderas que producen el rápido ascenso y luego el derrumbe de la actividad económica son de una naturaleza absolutamente distinta de la expuesta en el esquema de reproducción de Grossmann.

En Marx, es la sobreacumulación la que precipita las crisis, la existencia de demasiada plusvalía acumulada que no se invierte y que deprecia los beneficios. Pero en Grossmann el derrumbe ocurre por la ínfima cantidad de plusvalía acumulada.

El exceso simultáneo de capital en desuso y de trabajadores desempleados es una característica típica de las crisis; el esquema de Grossmann conduce a una carencia del suficiente capital, que solamente puede transformar en sobrante cometiendo el error mencionado arriba [2]. De manera que el esquema de Grossmann no puede demostrar un derrumbe final, ni corresponde a los fenómenos verdaderos del derrumbe, las crisis.

También puede agregarse que su esquema, conforme a su origen, sufre del mismo defecto que el de Bauer: el verdadero e impetuoso empuje hacia adelante del capitalismo a través del mundo que hace que cada vez más gente caiga bajo su dominación es representado aquí por un crecimiento calmo y regular de la población en un 5 por ciento anual, como si el capitalismo estuviera confinado en una economía nacional cerrada.

Grossman versus Marx

Grossmann se atribuye el mérito de haber reconstruido correctamente por primera vez la teoría de Marx frente a las distorsiones de los socialdemócratas.

“Una de estas nuevas adiciones al conocimiento”

(dice orgullosamente al principio de la introducción),

“es la teoría del derrumbe, expuesta abajo, que representa la columna principal del sistema de pensamiento económico de Marx”.

Ya hemos visto qué poco tiene que ver con Marx lo que Grossmann considera como teoría del derrumbe. Aun así, en su propia interpretación personal, bien pudo pensar que estaba de acuerdo con Marx. Pero hay otros puntos en lo que esto no se sostiene. Al ver en su esquema una representación correcta del desarrollo capitalista, Grossman deduce en varias partes del mismo explicaciones que, como él mismo había notado en parte, se contradicen con las visiones desarrolladas en El Capital.

Esto es así, primero que nada, para el ejército industrial de la reserva. Según el esquema de Grossmann, a partir del 35to año algunos trabajadores se quedan sin empleo y se forma un ejército de reserva.

“La formación del ejército de reserva, esto es, el despido de trabajadores, que estamos discutiendo, debe ser rigurosamente distinguido del despido de trabajadores debido a las máquinas. La eliminación de trabajadores por las máquinas que Marx describe en la parte empírica del primer volumen de El Capital (capítulo 13) es un hecho técnico… (pp. 128-9) … pero el despido de trabajadores, la formación del ejército de reserva, del que Marx habla en el capítulo sobre la acumulación del capital (capítulo 23) no es causado – como se ha ignorado totalmente hasta el momento en la literatura – por el hecho técnico de la introducción de máquinas, sino por la falta de oportunidades para la inversión… (p. 130)”.

Esto es básicamente igual a decir: si los gorriones se van volando, no es debido al disparo sino debido a su timidez. Las máquinas eliminan a los trabajadores; la extensión de la producción permite que en parte encuentren trabajo otra vez; en este ir y venir algunos de ellos son pasados por alto o permanecen afuera. ¿El hecho de que todavía no han sido re-empleados, debe ser visto como la causa de su desempleo? Si leemos el capítulo 23 del primer volumen de El Capital, es siempre la eliminación mediante las máquinas la que se menciona como la causa del ejército de reserva, que es en parte reabsorbido o rechazado de nuevo y se reproduce como superpoblación, según la situación económica. Grossmann se preocupa en varias páginas sobre la prueba de que es la relación económica c:v la que funciona aquí, y no la relación técnica medios de producción:fuerza de trabajo; de hecho las dos son idénticas. Pero esta formación del ejército de reserva, que según Marx ocurre por todas partes y siempre al comienzo del capitalismo, y en el cual las máquinas substituyen a los trabajadores, no es idéntica a la supuesta formación del ejército de reserva según Grossmann, que comienza como consecuencia de la acumulación después de 34 años de progreso técnico.

Lo mismo sucede con la exportación del capital. En largas explicaciones todos los escritores marxistas – Varga, Bujarin, Nachimson, Hilferding, Otto Bauer, Rosa Luxemburgo – son demolidos uno después del otro porque todos opinan que la exportación del capital tiene lugar para un beneficio más alto. Como dice Varga:

“El capital no se exporta porque sea absolutamente imposible de acumular en el país…. sino porque existe la perspectiva de un beneficio más alto en el exterior” (citado por Grossmann, P. 498).

Grossmann ataca esta visión como incorrecta y anti-marxista:

“la razón fundamental de la exportación del capital no es el beneficio más alto en el exterior, sino la carencia de oportunidades de inversión en el país” (p. 561).

Luego de esto, introduce numerosas citas de Marx sobre la sobreacumulación y hace referencia a su esquema, en el cual después de 35 años la masa creciente de capital ya no puede ser empleada en el país y por lo tanto debe ser exportada.

Recordemos que según el esquema, sin embargo, había demasiado poco capital para la población existente y que su exceso de capital era solamente un error de cálculo. Además, en todas las citas de Marx, Grossmann se ha olvidado de citar donde el mismo Marx habla de la exportación del capital:

“Si se envía capital al exterior, ello no ocurre porque sea absolutamente imposible ocuparlo en el interior. Sucede porque en el exterior puede ocupárselo con una tasa más elevada de ganancia.” (vol. III, P. 251).

La caída de la tasa de beneficio es una de las partes más importantes de la teoría del capital de Marx; él fue el primero en indicar y probar que esta tendencia a la caída, que se expresa periódicamente en las crisis, era la encarnación de la naturaleza transitoria del capitalismo. Con Grossmann es otro fenómeno que viene a la delantera: después del 35to año los trabajadores son despedidos en masa y el capital es al mismo tiempo creado en exceso. Consecuentemente el déficit de plusvalía en el año siguiente es más serio, por lo que aun más trabajo y más capital quedan ociosos; con la caída en el número de trabajadores, la masa de la plusvalía producida disminuye y el capitalismo se hunde más profundo en la catástrofe. ¿Acaso Grossmann no ha visto aquí la contradicción con Marx? Claro que la vio. De esta manera, luego de algunas observaciones preliminares, se encamina hacia el capítulo titulado “Las causas de la incomprensión de la teoría marxiana de la acumulación y el derrumbe”:

“La época no se encuentra madura para una reconstrucción de la teoría marxiana del derrumbe (p. 195). El hecho de que el tercer capítulo del volumen III, como Engels dice en el prefacio, es presentado, “como una serie de cálculos matemáticos inacabados” se debe dar como razón externa de la incomprensión.”

Engels fue ayudado en su edición por su amigo, el matemático Samuel Moore:

“Pero Moore no era economista….Por la forma del origen de esta parte de la obra por lo tanto se hace probable incluso por adelantado que existan muchas oportunidades para el malentendido y el error aquí y que estos errores se hayan podido entonces transportar fácilmente en el capítulo que se ocupaba de la caída tendencial de la tasa de beneficio …”

(NOTA: ¡estos capítulos ya habían sido escritos por Marx!)

“La probabilidad de error llega a ser casi segura cuando consideramos que es una cuestión de una sola palabra que, desafortunadamente, distorsiona totalmente el sentido del conjunto del análisis: el final inevitable del capitalismo se atribuye a la caída relativa en la tasa en vez de a la masa del beneficio. A Engels o a Moore ciertamente se les había resbalado la pluma (P. 195)”.

¡Así que esta es la tan mentada reconstrucción de la teoría de Marx! Otra cita se da en una nota que dice:

“En las palabras entre corchetes. A Engels o al mismo Marx se le resbaló la pluma; debería leerse correctamente y al mismo tiempo una masa de beneficio que cae en valor relativo”.

[Nota del traductor: Grossmann se refiere al pasaje en P. 214 del vol. III que reza: “Por lo tanto, las mismas leyes producen para el capital social una masa absoluta creciente del beneficio, y una tasa de beneficio descendiente”].

De manera que ahora es el mismo Marx el que incurre en equivocaciones. Y aquí concierne un pasaje donde el sentido, según el dado en el texto de El Capital, es meridianamente claro. El análisis entero de Marx, que termina con el pasaje que Grossmann cree necesario cambiar, es una continuación de un pasaje donde Marx explica:

“…la masa de la plusvalía por él producida, o lo que es lo mismo, la masa absoluta de la ganancia producida por él, puede por tanto aumentar, y aumentar progresivamente, a pesar del descenso relativo de la tasa de ganancia. Y no sólo puede ocurrir esto, sino que, además –prescindiendo de fluctuaciones transitorias–, tiene que ser así sobre la base de la producción capitalista.” (vol. III, P. 213.)

Luego Marx precisó las razones por las que la masa de beneficio debe aumentar y dice de nuevo:

“Mientras el proceso de la producción y de la acumulación avanza por lo tanto, la masa del plustrabajo disponible y apropiada, y por lo tanto la masa absoluta de beneficio apropiada por el capital social debe crecer.” (vol. III, P. 214).

De esta manera se da exactamente lo opuesto al principio del derrumbamiento inventado por Grossmann. En las páginas siguientes esto se repite más a menudo; el conjunto del capítulo 13 consiste en una presentación de

“la ley que una caída en la tasa de beneficio debido al desarrollo de la productividad es acompañada por un aumento en la masa del beneficio…” (Vol. III, P. 221).

De manera que no puede existir la más mínima duda de que Marx quiso decir exactamente lo que fue impreso y que no se le había resbalado la pluma. Y cuando Grossmann escribe:

“El derrumbamiento no puede por lo tanto resultar a partir de la caída en la tasa de beneficio. ¡Cómo podría una proporción porcentual, tal como la tasa de beneficio, un número puro, causar el derrumbamiento de un sistema económico verdadero!” (P. 196).

demuestra una vez más que no ha entendido nada de Marx y que su derrumbamiento está en contradicción completa con Marx.

Aquí está el punto en el cual él habría podido convencerse de la inestabilidad de su construcción. Pero si él se hubiera permitido ser enseñado por Marx aquí, su teoría entera se habría derrumbado y su libro no habría sido escrito.

La manera más justa de describir al libro de Grossmann es como remiendo de citas de Marx, incorrectamente aplicadas y juntadas por medio de una teoría fabricada. Cada vez que se requiere una prueba, se introduce una cita de Marx que no se ocupa del punto en cuestión, y es la corrección de las palabras de Marx la que se supone que da al lector la impresión de que la teoría está correcta.

Materialismo histórico

La pregunta que al final merece atención es cómo puede un economista que cree que está reconstruyendo correctamente las opiniones de Marx, y quién más adelante afirma con una confianza ingenua que es el primero en dar una interpretación correcta de ellas, estar tan completamente equivocado y encontrarse en contradicción completa con Marx. La razón yace en la falta de un entendimiento materialista histórico. No puede comprenderse la economía marxiana en absoluto a menos que se haya hecho propia la manera materialista histórica de pensar.

Para Marx el desarrollo de la sociedad humana, y también el desarrollo económico del capitalismo, son determinados por una necesidad firme como una ley de la naturaleza. Pero este desarrollo es al mismo tiempo el trabajo de hombres que tienen su papel en él y donde cada persona determina sus propios actos con conocimiento y propósito – aunque no con una conciencia de la totalidad social. A la manera burguesa de ver las cosas, hay una contradicción aquí; o lo que ocurre depende de la elección libre humana o, si está gobernado por leyes fijas, entonces éstas actúan como una restricción externa y mecánica sobre los hombres. Para Marx toda necesidad social es cumplida por los hombres; esto quiere decir que el pensamiento, el deseo y la acción de un hombre – aunque aparezcan como una elección libre en su conciencia – son completamente determinados por el ambiente; es solamente a través de la totalidad de estos actos humanos, determinados principalmente por fuerzas sociales, que se consigue la conformidad con las leyes en el desarrollo social.

Las fuerzas sociales que determinan el desarrollo son, de esta manera, no sólo los actos puramente económicos sino también los actos político-generales determinados por ellos, que proveen a la producción con las normas necesarias del derecho. La conformidad con la ley no sólo reside en la acción de la competencia que fija los precios y la ganancia y concentra al capital, sino también en el establecimiento de la libre competencia, de la producción libre por las revoluciones burguesas; no solamente en el movimiento de los salarios, en la expansión y la contracción de la producción en crisis y prosperidad, en el cierre de fábricas y el despido de trabajadores, sino también en la revuelta, la lucha de los trabajadores, la conquista por ellos del poder sobre la sociedad y la producción para establecer nuevas normas de derecho. La economía, como la totalidad de los hombres que trabajan y luchan para satisfacer sus necesidades de subsistencia, y la política (en su sentido más amplio), como la acción y la lucha de estos hombres como clases para satisfacer estas necesidades, forman un solo dominio unificado de desarrollo controlado por ley. La acumulación de capital, las crisis, la pauperización, la revolución proletaria, la toma del poder por la clase obrera forman todos juntos, actuando como una ley natural, una unión indivisible, el derrumbe del capitalismo.

La manera burguesa de pensar, que no comprende que ésta es una unidad, siempre ha tenido un gran papel no sólo fuera sino también dentro del movimiento de los trabajadores. En la vieja Socialdemocracia radical era corriente la visión fatalista, comprensible en vista de las circunstancias históricas, de que la revolución vendría un día como una necesidad natural y que mientras tanto los trabajadores no debían intentar nada peligroso. El reformismo cuestionaba la necesidad de una revolución « violenta » y creía que la inteligencia de los estadistas y los líderes domarían el capitalismo mediante la reforma y la organización. Otros creyeron que el proletariado debía ser educado bajo la virtud revolucionaria por un sermón moral. Nunca hubo la conciencia de que esta virtud solamente encontraba su necesidad natural a través de las fuerzas económicas, y que la revolución solamente encontraba su necesidad natural a través de la fuerza mental de los hombres. Ahora contamos con otras opiniones. Por una parte el capitalismo se ha demostrado fuerte e inatacable contra todo tipo de reformismo, todas las destrezas de jefes, todos los intentos de revolución; todos estos han sido ridiculizados por su fuerza inmensa. Pero, por otro lado, al mismo tiempo las terribles crisis revelan su debilidad interna. Cualquiera que estudie a Marx en estos días es impresionado profundamente por la irresistible naturaleza del derrumbe y da la bienvenida a estas ideas con entusiasmo.

Pero si su manera básica de pensar es burguesa no puede concebir esta necesidad más que como una fuerza externa actuando sobre los hombres. El capitalismo es para él un sistema mecánico en el que los hombres participan como personas económicas, capitalistas, compradores, vendedores, trabajadores asalariados, etcétera, pero que de cualquier modo deben someterse en una manera puramente pasiva a lo que este mecanismo les imponga en vista de su estructura interna.

Esta concepción mecanicista también puede ser reconocida en las declaraciones de Grossmann sobre los salarios cuando ataca con violencia a Rosa Luxemburgo –« En todas partes uno encuentra una mutilación cruel e increíble de la teoría marxiana del salario » (p.. 585)– precisamente donde muy correctamente ella trata el valor de la fuerza de trabajo como una cantidad que puede ser ampliada sobre la base del nivel de vida conseguido. Para Grossmann el valor de la fuerza de trabajo es « no una cantidad flexible, sino fija » (p.. 586). Los actos de elección humana como las luchas obreras no pueden tener ninguna influencia sobre ella; la única manera en la que los salarios pueden aumentar es a través de una más alta intensidad del trabajo que imponga la sustitución de la mayor parte de la fuerza de trabajo empleada.

Aquí está la misma visión mecanicista: el mecanismo determina las cantidades económicas mientras las luchas y los hombres actuando quedan fuera de esta relación. Grossmann vuelve a apelar a Marx para esto, donde el último escribe sobre el valor de la fuerza de trabajo:

« Sin embargo, en un país determinado, en un período determinado, la cantidad promedio de los medios de subsistencia necesarios para el obrero es prácticamente conocida » (El Capital. Vol.. I, p.. 171);

Pero Grossmann ha pasado por alto desafortunadamente que en Marx este pasaje es precedido inmediatamente por éste:

« En la contradicción por lo tanto al caso de otras mercancías, allí entra en la determinación del valor de la fuerza de trabajo un elemento histórico y moral ».

Empezando de su manera burguesa de pensar Grossmann afirma en su crítica de las diversas visiones socialdemócratas:

« Vemos: el derrumbe del capitalismo es negado o fundado, de una manera voluntarista, en factores extra-económicos y políticos. La prueba económica de la necesidad del derrumbe del capitalismo nunca ha sido expuesta » (pp. 58-59).

Y cita con aprobación una opinión de Tugan-Baranovsky que, para demostrar la necesidad para la transformación del capitalismo en su contrario, antes debe ser expuesta una prueba rígida de la imposibilidad del capitalismo de seguir existiendo. Tugan mismo niega esta imposibilidad y desea dar al socialismo una base ética. Pero que Grossmann decida llamar como testigo a este economista liberal ruso que, como es sabido, siempre fue totalmente extraño al marxismo, demuestra hasta qué grado sus maneras básicas de pensar están relacionadas, a pesar de lo opuesto de sus puntos de vista prácticos (ver también Grossmann, p.. 108). De la visión marxiana de que el derrumbe del capitalismo será el acto de la clase obrera y por lo tanto un acto político (en el más amplio sentido de esta palabra: social general, que es inseparable de la toma del poder económico) Grossmann solamente puede comprenderla como « voluntarista », o sea, algo que es controlado por la elección de los hombres, por el libre albedrío.

El derrumbe del capitalismo en Marx depende del acto de voluntad de la clase obrera; pero esta voluntad no es una elección libre, sino que está determinada por el desarrollo económico. Las contradicciones de la economía capitalista, que emergen repetidamente en el desempleo, las crisis, las guerras, la lucha de clases, determinan repetidamente la voluntad de revolución del proletariado. El socialismo no viene porque el capitalismo se desplome económicamente y los hombres, trabajadores y demás, sean forzados a crear una nueva organización por necesidad; sino porque el capitalismo, mientras vive y crece, se vuelve más y más insoportable para los trabajadores y repetidamente les presiona para que luchen hasta que crezca en ellos la voluntad y la fuerza para derribar la dominación del capitalismo y establecer una nueva organización, y luego el capitalismo se desploma. Los obreros no son empujados a actuar porque lo insoportable del capitalismo les es demostrado exteriormente, sino porque lo sienten generado dentro de ellos mismos. La teoría de Marx, en su parte económica, muestra cómo el fenómeno detallado más arriba reaparece irresistiblemente con una fuerza cada vez más grande y, en su parte materialista histórica, cómo necesariamente hace surgir la voluntad y la acción revolucionarias.

El nuevo movimiento obrero

Es comprensible que al libro de Grossmann debía haberle sido dado un poco de atención por los portavoces del nuevo movimiento obrero, dado que este libro ataca al mismo enemigo que ellos. El nuevo movimiento obrero tiene que atacar a la socialdemocracia y al comunismo de partido de la Tercera Internacional, dos ramas del mismo árbol, porque acomodan a la clase obrera al capitalismo. Grossmann ataca a los teóricos de estas corrientes por haber distorsionado y falseado las enseñanzas de Marx, e insiste en el derrumbe necesario del capitalismo. Sus conclusiones parecen similares a las nuestras, pero su sentido y su esencia son totalmente diferentes. Compartimos la opinión de que los teóricos socialdemócratas, a pesar de haber sido buenos expertos teóricos, a menudo distorsionaron la doctrina de Marx; pero su error fue histórico, el precipitado teórico de un período temprano de la lucha proletaria. El error de Grossmann es el de un economista burgués que nunca ha tenido experiencia práctica en la lucha proletaria y quien por lo tanto no está en posición de comprender la esencia del marxismo.

Un ejemplo de cómo sus conclusiones coinciden en apariencia con las del nuevo movimiento obrero, pero son en esencia totalmente opuestas, se encuentra en su teoría de los salarios. De acuerdo con su esquema, después de 35 años, con el derrumbe, aparece un rápido ascenso del número de desempleados. Como resultado los salarios se hunden bien por debajo del valor de la fuerza de trabajo, sin que una resistencia eficaz sea posible.

« Aquí se da el límite objetivo para la acción sindical » (p.. 599). Aunque esto parezca familiar, la base es muy diferente. La impotencia de la acción sindical, que ha sido evidente por bastante tiempo, no debe ser atribuida a un derrumbe económico, sino a un cambio en el balance del poder social. Todos saben cómo el poder incrementado de los empleadores expresado en el gran capital concentrado ha vuelto a la clase obrera relativamente impotente. A lo cual se agregan ahora los efectos de una grave crisis que deprime a los salarios, como ocurrió en todas las crisis anteriores.

El derrumbe puramente económico del capitalismo que Grossmann formula no involucra una pasividad completa por parte del proletariado. Ya que, es precisamente cuando el derrumbe tiene lugar, que la clase obrera debe prepararse para restablecer la producción sobre nuevas bases.

« Por lo tanto, esta evolución empuja hacia el desarrollo y la exacerbación de las oposiciones internas entre capital y trabajo hasta que se fuerza una solución que solamente puede venir de la lucha entre las dos clases » (p.. 599).

Esta lucha final también se vincula con la lucha salarial porque (como ya se mencionó arriba) la catástrofe puede ser pospuesta deprimiendo los salarios o acelerada aumentándolos. Pero para Grossmann el factor verdaderamente esencial es la catástrofe económica, el nuevo orden se impone a los hombres por la fuerza. Ciertamente, los trabajadores, la masa de la población, son los que proporcionarán la fuerza preponderante de la revolución, igual que en las revoluciones burguesas del pasado donde constituyeron la fuerza masiva para la acción; pero, como en las revueltas por hambre en general, esto es independiente de su madurez revolucionaria, de su capacidad para tomar el poder de la sociedad y mantenerlo. Esto quiere decir que un grupo revolucionario, un partido con objetivos socialistas, tendría que aparecer como un nuevo poder gobernante en lugar del viejo orden y aplicar una clase de economía planificada.

La teoría de la catástrofe económica está por lo tanto, acondicionada para los intelectuales que reconocen la insostenibilidad del capitalismo y que quieren una economía planificada que sea construida por economistas y líderes capaces. Y es de esperar que muchas teorías similares vengan de estos estratos o encuentren su aprobación en ellos. La teoría del derrumbe necesario también podrá ejercer cierta atracción sobre los obreros revolucionarios. Ellos ven que la mayoría abrumadora de las masas proletarias todavía siguen ligadas a las viejas organizaciones, los viejos líderes, los viejos métodos, ciegas a la tarea que el nuevo desarrollo impone sobre ellas, pasivas e inmóviles, sin señales de energía revolucionaria. Los pocos revolucionarios que comprenden el nuevo desarrollo bien pueden desear una buena catástrofe económica sobre las masas estupidizadas con el propósito de que salgan definitivamente del sueño y entren en acción. La teoría por la cual el capitalismo ha entrado hoy en su crisis final provee una refutación decisiva y simple del reformismo y de todos los programas partidarios que dan prioridad al trabajo parlamentario y a la acción sindical – una demostración de la necesidad de tácticas revolucionarias que es tan conveniente como para ser bienvenida entusiastamente por los grupos revolucionarios. Pero la lucha nunca es tan simple o conveniente, incluso la lucha teórica por razones y pruebas.

El reformismo era una táctica falsa, que debilitó a la clase obrera, no sólo en las crisis sino también en la prosperidad. El parlamentarismo y la táctica sindical no tuvieron que aguardar a la crisis actual para demostrar su fracaso; éste ha sido mostrado en los últimos cien años. No es debido al derrumbe económico del capitalismo sino al enorme desarrollo de su fortaleza, a su expansión por todo el planeta, a su exacerbación de las oposiciones políticas, al violento refuerzo de su fortaleza interior, que el proletariado debe tomar acción masiva, convocando a la fortaleza de toda la clase. Es este cambio en las relaciones de poder el que forma la base para la nueva dirección del movimiento obrero.

El movimiento obrero no tiene que esperar una catástrofe final, sino a muchas catástrofes, políticas – como las guerras- y económicas -como las crisis que estallan repetidamente, a veces con regularidad, a veces sin regularidad, pero que en general, con el tamaño creciente del capitalismo, se vuelven cada vez más devastadoras. Así que las ilusiones y las tendencias de tranquilidad en el proletariado se desplomarán repetidamente, y estallarán hondas y agudas luchas de clases. Parece ser una contradicción que la crisis actual, más profunda y devastadora que cualquier otra, no ha dado señales del despertar de la revolución proletaria. Pero la eliminación de las viejas ilusiones es su primera gran tarea: por otro lado, la ilusión de hacer el capitalismo soportable mediante las reformas obtenidas por la política parlamentaria socialdemócrata y la acción sindical y, por el otro, la ilusión de que el capitalismo puede ser derribado en un asalto liderado de un Partido Comunista que trae consigo la revolución. Es la misma clase obrera, como un todo, la que debe dirigir la lucha, pero mientras la burguesía está fortaleciendo y solidificando su poder cada vez más, la clase obrera todavía tiene que familiarizarse con las nuevas formas de lucha. Graves luchas tienen necesariamente que tener lugar. Y si la crisis actual amaina, nuevas crisis y nuevas luchas aparecerán. En estas luchas la clase obrera desarrollará su fortaleza, descubrirá sus objetivos, se entrenará, se hará independiente y aprenderá a tomar su destino (o sea, la producción social) en sus propias manos. En este proceso se consigue la destrucción del capitalismo. La autoliberación del proletariado es el derrumbe del capitalismo.


[1] Personaje de la obra de Shakespeare “El mercader de Venecia”, arquetipo del usurero y conocido por demandar su “libra de carne” del mercader Antonio, el protagonista. En El Capital son frecuentes las referencias de Marx a las obras de Shakespeare y, en particular, su comparación del capital con Shylock. (Nota de Ricardo Fuego)

[2] Asignando siempre, al comienzo de cada nuevo ciclo, un 10% al capital constante y descargando la crisis sobre el capital variable, en vez de distribuir la plusvalía proporcionalmente entre el capital constante y el variable. (Nota de Ricardo Fuego)


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