1938-02 Carta a un obrero poumista [Munis]

Artículo de G. M. [Munis]: « Carta a un obrero poumista. La Bandera de la IV Internacional es la única bandera de la revolución proletaria ». La Voz Leninista nº 3, Barcelona, 5-2-1938.

Hace cinco meses, con ocasión de la represión, como hace diez, al ser expulsado el POUM de la Generalidad, repetiste el mismo argumento de hoy. A tu entender el POUM se vería obligado, por presión de los acontecimientos, a ponerse al frente de la revolución proletaria. Sincero revolucionario y creyente en la fuerza potencial revolucionaria del partido, no dejabas de considerar sus errores aún con cierta precisión, pero vacilabas en cuanto a los remedios llevado de la doble falsa perspectiva de arrastrar al terreno revolucionario al partido en su conjunto – los recalcitrantes oportunistas incluso -, y establecer una divisoria entre este terreno y el de la IV Internacional.

Reconocer los errores de más bulto del POUM (colaboración, complicidad con el Frente Popular, lucha contra los órganos de poder, obreros, Gobierno Obrero y Campesino, etc.) lleva necesariamente a investigar sus fuentes ideológicas, afinidades con otras corrientes en la historia del movimiento obrero internacional y el entronque que tienen en los cuadros y los hombres del partido. Menguar la significación y proporciones resultantes, no señalar con el dedo a los responsables, es un paso en falso que se traduce en vacilaciones, pasividad encubridora e impotencia para marcar el camino de la salvación.

Me parece absolutamente indispensable llamar la atención sobre este último extremo, porque en el seno del POUM se ha designado siempre como ala izquierda a la sección de Madrid, y en la primavera pasada surgió asimismo en Barcelona otra « corriente de izquierda ». Hoy ambas languidecen al unísono del partido. La causa no es otra que su fragilidad política, manifiesta repetidísimas veces en la incapacidad de darse un programa, su temor a enfrentarse con la dirección y llevar a la base de la organización la lucha contra ella.

Tanto la sección de Madrid como el ala izquierda de Barcelona, eran el exponente de esa « fuerza potencial revolucionaria » en que depositas tu confianza. Transformarla en energía activa no era posible sin una ruptura radical con la política catastrófica de Nin-Andrade-Gorkin. Precisamente en este punto, uno y otro grupos de izquierda quedaron paralizados sin osar abordar de frente el problema. En toda ocasión se esforzaron en menguar los errores del partido – que no pocas veces ayudaron – y jamás levantaron la mano para señalar a los líderes responsables. La propia ala derecha de Portela, declaradamente stalinizante, ha podido vivir hasta el presente sin que el ala izquierda exigiera su expulsión.

En todos los momentos trascendentales, a contar desde el nacimiento del POUM, este aparece perfectamente unido. Aun durante y después de las jornadas de mayo, cuando mayor cuerpo y delimitación llegaron a adquirir los elementos de izquierda, las resoluciones del CC, en el que hay representantes de Madrid y de la célula 72 de Barcelona, son tomadas por unanimidad. Y no es preciso hablar de la vergonzosa pasividad observada al desencadenarse la represión. De esta unidad del POUM pueden enorgullecerse los cretinos y los oportunistas, a quienes beneficia. En realidad es lo que ha permitido a la dirección centrista ahogar la « fuerza potencial revolucionaria » de los trabajadores poumistas y nos da una desoladora muestra de la incapacidad de los elementos de izquierda. Para algunos de éstos, el izquierdismo no pasó de ser una mísera justificación íntima.

No; no es un problema de personalidades lo que ha impedido cristalizar y desarrollarse a los elementos de izquierda. Es un problema de programa. Sólo la lucha sistemática por un programa revolucionario puede educar buenos líderes. No se trata tanto del documento material como de la tendencia histórica en la que se tome apoyo. Ni la célula 72 de Barcelona, ni la sección de Madrid se decidieron nunca a tomar este apoyo. Sus críticas a la dirección fueron inseguras, unilaterales y nada profundas porque no consideraron al POUM como una corriente centrista juntamente con sus ramificaciones internacionales, sino como una corriente revolucionaria con errores ocasionales. Esta apreciación no se basaba en ningún análisis objetivo sino en el temor de ser confundidos con los trotskistas. Huyendo de los puntos de vista de la IV Internacional se acercaban al centrismo.

Las prevenciones antitrotskistas impidieron la evolución y desarrollo de una verdadera ala izquierda que salvara de la descomposición a la mayoría de los militantes revolucionarios del POUM. Situadas la sección de Madrid y la célula 72 en un terreno positivo por relación a la dirección centrista, las necesidades de su propia formación como vanguardia revolucionaria les llevaba a la adopción del programa de la IV Internacional. Pero en lugar de guiarse objetivamente por la dialéctica de los acontecimientos su norte consistió en evitar el trotskismo. De aquí su incapacidad para trazar enérgicamente una línea divisoria entre los centristas y los revolucionarios, y guiar a éstos hacia la creación de un partido bolchevique y la conquista de las masas.

No puedo asombrarme de la asfixia de la famosa izquierda que tantas ilusiones despertó. La sección de Madrid dejó pasar el tiempo proyectando grandes hechos, mientras los hechos reales, cotidianos, la llevaban a remolque del CE y algunos de sus hombres se convertían en delatores de los trotskistas al servicio del centrismo. Antes de las jornadas de mayo, la célula 72 presentó un conato de movimiento fraccional con ramificaciones inseguras política y orgánicamente, como sus propias posiciones, pero de gran porvenir. Desde entonces ha tenido ocasión de acelerar su formación y conquistar posiciones tomando a su cargo la lucha contra la reacción staliniana que la dirección observaba con una pasividad criminal. Sin embargo, los hechos no dejan lugar a ilusiones. Después de haber rechazado con desdeñoso silencio las proposiciones bolchevique-leninistas[1], tendentes a establecer un compromiso de lucha contra la reacción y el stalinismo, encontramos que la propia izquierda de Barcelona ha desaparecido y sólo queda un hombre como exponente. Esta reducción, proporcional a la de todo el partido, no tiene por única causa la represión. A pesar de la vileza y sádica violencia de los métodos puestos en práctica, la represión, sobre todo en sus primeros meses, sólo podía aniquilar a organismos carentes de la vida laboriosa y el contacto efectivo con las masas anejo a los principios de un partido revolucionario. El espíritu y la organización de las masas, la correlación general de fuerzas, la tensión aguda entre éstas, la importancia de las posiciones ocupadas por el proletariado y la abundancia de recursos para la propaganda ilegal, hubieran permitido armadas de un programa y de consignas inmediatas combativas, transformar la ilegalidad en un breve período y reforzarse en medio de él. En realidad, el elemento que más ha contribuido a reducir a la insignificancia a « un partido de 40.000 afiliados », más que los encarcelamientos, la supresión de la prensa legal y los asesinatos, es que esos 40.000 afiliados estaban ya semirreducidos a la impotencia por la política de su propia dirección.

El exponente – llamémosle así para evitar nombres – de la célula 72[2], lo confiesa algo desesperadamente en un documento dirigido al reciente CC celebrado en Barcelona[3]. Como en el proyecto que el mismo camarada elaboró para el Congreso que no llegó a efectuarse[4], se encuentran en él críticas acertadísimas de la dirección en las que, evidentemente, puede y debe tomarse apoyo, como tú opinas. Pero mucho más importante es tener cuenta de los errores que sus páginas encierran.

La parte crítica puede ser suscrita casi en su totalidad por los bolchevique leninistas. Por primera vez alguien desde el seno del POUM califica de centrismo la política de la dirección y trata de dar a esta noción su verdadero carácter. Digo trata porque el autor del documento, tras señalar como centrista a su propia dirección afirma que « el POUM era un partido revolucionario antes del 19 de julio ». Esto está tan lejos de la verdad que casi no necesita refutación. ¿Cuándo y cómo se efectuó la conversión a la derecha? El centrismo puede estar integrado por elementos revolucionarios de paso hacia el reformismo o viceversa; en cualquier caso la evolución requiere tiempo y se escalona a lo largo de los acontecimientos. Nadie se acuesta revolucionario y se levanta centrista. Sin embargo para que el POUM se despertase una mañana en el malhadado « Gobierno obrero », no fue necesaria ninguna solución de continuidad. Sin el menor roce, por unanimidad, el mismo Comité Central que la regía antes del 19 de julio aprobó la colaboración y se adentró alegremente en el « programa socialista » que resultó ser la entrega de la revolución socialista a los Comorera, Prieto, etc. Esta política brotaba sin obstáculos del corazón del POUM porque estaba en la médula de su constitución y existía antes de ésta, desarrollada en el antiguo Bloque Obrero y Campesino, y en principio, pero retenida por la disciplina internacional, en la que fue Izquierda Comunista. Si el autor del mencionado documento se tomase el trabajo de confrontar la política que califica centrista con la practicada por el POUM antes del 19 de julio, a buen seguro que no podría mostrarnos ninguna diferencia fundamental, evitaría poner el pie en falso al empezar a andar y no se vería obligado, para llenar las lagunas de su análisis y velar sus errores, a idealizar el pasado y los muertos.

El Frente Obrero Revolucionario es presentado en el documento como máxima panacea y principio de toda regeneración en el interior del POUM y en el movimiento obrero. Tras hacer una dura y justa crítica de la dirección recae en la concepción oficiosa, sino oficial, de aquella.

Las ilusiones que esta fórmula despierta exigen poner en claro que no se trata de la noción bolchevique del frente único de clase: « Golpear juntos; marchar separados ». Sin confusión de programas, con completa libertad crítica, pero estableciendo compromisos de lucha práctica e inmediata contra el enemigo de clase. En el número de La Batalla correspondiente al 5 de agosto pasado se dice que es necesario « marchar hacia el Frente Obrero Revolucionario, que agrupe a todos los sectores que estén de acuerdo en dar a la guerra el carácter revolucionario que no debía haber perdido nunca y en conquistar el poder para la clase trabajadora »…

¡Conquistar el Poder para la clase trabajadora! Bella perspectiva sobre la cual los dirigentes del POUM esperan ponerse de acuerdo con la CNT y la FAI (Largo Caballero fue candidato hasta hace unos días), mientras los líderes de éstas esperan también llegar al Poder entregando el proletariado confederal a merced del Gobierno. La tesis del Frente único es transformada en una añagaza altisonante que oculta la idea fija de volver a un ministerio semejante al de septiembre del 36. La conquista del Poder por el proletariado no puede ser objeto de alianza, a no ser a través de sus órganos de Poder (Comités, Juntas, Soviets). Aun en este aspecto, teóricamente admisible, presentaría en la práctica dificultades innumerables. El frente único, indispensable para la defensa de las libertades e intereses obreros más inmediatos, es la vía que conduce a la creación de los órganos de clase, y por tanto la única forma de poner al proletariado en condiciones de luchar por el poder. Aliarse con todas las organizaciones dispuestas a defender esas libertades e intereses, fustigando enérgicamente a los que prefieren la alianza con los carceleros y verdugos del proletariado, es la verdadera táctica revolucionaria del frente único que la Sección bolchevique leninista persigue desde su fundación. Pero pedir una alianza de « todos los sectores que estén dispuestos a conquistar el Poder para la clase trabajadora », no es más que demagogia oportunista de gentes que no han renunciado a bloques políticos de mala memoria, pero en cambio utilizan las sugerencias de frente único de una fórmula mendaz, para calmar el descontento de sus propios militantes.

El Frente Obrero Revolucionario (FOR) no ha servido, en efecto, más que para conciliar entre sí a las diferentes tendencias. Gorkin, Andrade, lo que queda de la célula 72 y la sección de Madrid resuelven todas sus divergencias en el FOR. A semejanza de su cofrade centrista el SAP antes de la llegada del fascismo, el POUM mata las tendencias centrífugas, que desarrolladas jugarían un papel muy positivo en la formación del partido revolucionario, clavándolas en el corcho flotante del FOR. La diferencia estriba en que el SAP cumplía esta función mediante el frente único por todo programa, mientras que el POUM se reduce al FOR, que no va más allá de la ruptura con el stalinismo. ¡Y la cuestión ha quedado indecisa en el Comité Central! No está excluido, sin embargo, sobre todo ante la desviación evidente de los anarquistas hacia el stalinismo, que el POUM pase por idéntico estado que el SAP convirtiendo el frente único en un lema general. Ello será ventajoso en la medida en que contribuya a arrastrar a otras fracciones del movimiento obrero, pero el problema del programa, es decir, del partido de la vanguardia obrera, sólo quedará planteado con mayor acritud y perentoriedad.

En el aspecto del programa tú mismo no albergas ilusiones sobre lo que la dirección oficial pueda dar. Mas, ¿qué puede esperarse de los elementos llamados de izquierda? La mayor consideración hacia su real o presunta evolución ideológica no puede redimirles de la responsabilidad de cuanto no se ha hecho en más de un año de vacilaciones y vanos amagos de actuación.

El documento del exponente de la célula 72 a que me he referido, es completamente nulo en este aspecto, a pesar de su apelación a la dictadura del proletariado. No se encuentra en él la menor referencia a las cuestiones fundamentales del movimiento obrero: ¿nuevo partido?; ¿nueva Internacional? Sin embargo, quien admite que el POUM es centrista está aún más obligado a responder, a no ser que espere, con su elocuencia, convertir a los centristas en bolcheviques. La triste realidad es que [de] la ausencia de estas cuestiones, así como de toda crítica a los vergonzantes aliados internacionales del POUM, proviene del contrabalanceo interno cuyo fiel es el Frente obrero revolucionario. Sólo evitando pronunciarse sobre aquellas cuestiones es como el equilibrio se sostiene y nuestros buenos izquierdistas no se ven comprometidos a la acción.

La fuerza potencial revolucionaria de los obreros del POUM, repito, ha hallado así su esterilización. Pero a pesar del tiempo perdido no puede haber otro camino que el de la lucha irreductible y organizada contra la dirección centrista. Argüir sobre la legitimidad o ilegitimidad de las fracciones es filisteismo despreciable. El primer deber de un revolucionario rodeado de centristas es constituir una fracción. Cruzarse de brazos o limitarse a gritar es una demostración de contagio del medio.

Los trabajadores revolucionarios poumistas necesitan un programa, un arma ideológica para conquistar la confianza de las masas. Este programa sólo puede ser el de la IV Internacional, en marcha ya por todo el mundo. Los elementos más conscientes tienen el deber político de izar esta bandera. Sólo así contribuirán a la creación del partido revolucionario y a resolver por ende los grandes problemas de la conquista del poder.

G. M.

Notas de A. Guillamón:

[1] Aquí Munis hace referencia a la carta, fechada el 26 de junio de 1937, en la que la Sección b.l. de España hacía un llamamiento a la izquierda del POUM y a Los Amigos de Durruti para establecer una plataforma de acción común frente a la represión.

[2] Se trata de Josep Rebull, secretario de la célula 72, administrador de La Batalla, miembro del CC del POUM, hermano de « David Rey ». La clandestinidad fuerza a Munis a no facilitar el nombre de Josep Rebull.

[3] Se trata de la « Resolución presentada al Comité Central del POUM por José Rebull. (Barcelona, 27 octubre 1937) ».

[4] Se trata de las contratesis políticas de la célula 72, redactadas por Josep Rebull, que se presentaban en oposición a las tesis del CE, que debían debatirse en el II Congreso del POUM, que tras sucesivos aplazamientos no llegó a convocarse, puesto que el POUM fue ilegalizado y perseguido desde el 16 de junio de 1937. Estas contratesis de la célula 72 son « Contratesis Política para el II Congreso del POUM, que presenta la célula 72, distrito V de Barcelona », « A la deriva. La dirección del POUM durante las jornadas de julio. (Aclaraciones a la Contratesis Política) », « Por la creación de los Consejos de Obreros, Campesinos y Combatientes. (Aclaraciones a la Contratesis Política) », publicadas en el Boletín Interior. Órgano de discusión para el II Congreso del Comité Local de Barcelona del POUM, número 1, Barcelona 23 abril 1937. Con posterioridad a las jornadas de mayo se editó un segundo número de este boletín, en el que la célula 72 publicó « La consigna « gobierno CNT-UGT », « Sobre la dualidad de poderes. (Aclaraciones a la Contratesis de la Célula 72) » y « Las jornadas de mayo », en Boletín Interior. Órgano de discusión para el II Congreso del Comité Local de Barcelona del POUM, número 2, Barcelona, 29 mayo 1937.

Une Réponse to “1938-02 Carta a un obrero poumista [Munis]”

  1. Neues aus den Archiven der radikalen (und nicht so radikalen) Linken « Entdinglichung Says:

    […] * Grandizo Munis: Lecciones de una derrota. Una entrevista con Munis (1939) * Grandizo Munis: Carta a un obrero poumista (1938) * Karl Korsch: La philosophie de Lénine (1938) * August Thalheimer: Brief an Clara Zetkin […]

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