1965 Prefacio a ‘Pro segundo Manifiesto comunista’ [Munis]

En pugna con la perversión reaccionaria de la Internacional Comunista, la Oposición de Izquierda que originó la IV Internacional expresaba la continuidad ideológica y orgánica de la revolución, cual los grupos internacionalistas de 1914 frente a la corrosión patriótica de la socialdemocracia. En el movimiento trotzkista recaía, además, un cometido nuevo erizado de obstáculos: asegurar la lucha internacionalista contra la paz de los bloques militares prosiguiendo la oposición revolucionaria a la guerra. El derrotismo revolucionario tan admirablemente reivindicado en 1914-1918 por Karl Liebknecht ante un tribunal militar germano, por Lenin en Contra la corriente, exigía ser llevado hasta el triunfo del hombre sobre capitalismo y guerra, su postrer alcance. Precisábase pues dar forma de reclamaciones inmediatas a las medidas políticas y económicas susceptibles de desembarazar al mundo de armamentos y ejércitos, del laberinto de naciones, des sistema industrial y político basado en la mercancía-hombre. Pero los rábulas que se apoderaron de la IV Internacional tras el asesinato de Trotzky no supieron siquiera aferrarse al antiguo derrotismo marxista, conminación de programa, y mancharon su bandera en las resistencias nacionales.

Por otra parte se hacía indispensable reconsiderar la táctica tradicional, que data de la Comuna de París y de la Revolución rusa, así como determinados aspectos de la estrategia, a fin de adecuarlos a los importantes cambios sobrevenidos desde 1917. En efeceto, el retroceso termidoriano de la Revolución rusa iniciado hacia 1921 (N.E.P.= Nueva Política Económica), se completó después en contrarrevolución capitalista de Estado. Y gracias principalmente a ese hecho, el capitalismo en general ha conseguido perdurar y acrecer su potencial explotador en forma cada vez más centralizada y perjudicial a los hombres.

Ese mismo proceso acarreó una modificación radical de los que fueran partidos comunistas haciendo de ellos, no organizaciones oportunistas o lacayos obreros de la burguesía, sino representantes directos de una forma particular de capitalismo, la intrínseca a la ley de concentración de capitales aneja al automatismo de la sociedad actual y en Rusia deliberadamente acelerada. A su vez los sindicatos, fueren dominados por el stalinismo o independientes de él, ha ido amoldándose sin cesar al sistema de explotación, del cual parecen ya punto menos que inseparables.

El proletariado mundial padecía mientrastanto una serie de derrotas que nada ha venido a interrumpir hasta ahora. Cuanto falsos amigos le presentaban como victorias suyas, China o Cuba, Argelia o Ghana, sólo sirve para desmoralizarlo y ponerlo, inerte, a discreción de sus enemigos. Esas victorias, que son en realidad las de determinados círculos capitalistas frente a otros, representan otras tantas derrotas del proletariado; las ha hecho posibles el peso material de la contrarrevolución rusa en el mundo, sí, pero no sin que le dejase via libre una vanguardia revolucionaria prisionera de sus propias ideas avejentadas. Más que nunca « la crisis de la humanidad es una crisis de dirección revolucionaria » cual decía León Trotzky, pero las organizaciones que se dicen trotzkistas se han quedado varadas, por trágico sarcasmo, en las aguas cenagosas del stalinismo.

De la lucha contra la degeneración de la IV Internacional han nacido la mayoría de las ideas y proposiciones contenidas en el manifiesto presente. El orígen de algunas de las modificaciones ideológicas enunciadas asciende al período más candente de la revolución española, 1936-1937, cuando por primera vez fuera de Rusia, el stalinismo revela toda su naturaleza contrarrevolucionaria, por relación a la cual cualesquier Kerensky o Noske parecen apenas dañinos.Por tal razón entre otras, resulta indispensable conocer a fondo las peripecias de la revolución española, tan falsificadas o desnaturalizadas en libros como el de P.Broué y E.Témine1. Ella cierra una etapa combativa e ideológica del proletariado mundial y abre otra . Sus enseñanzas servirán de luminaria a un futuro rebrote de agresividad de los oprimidos.

Aun no habían encontrado tiempo de considerar la rica experiencia de la revolución española, cuando los organismos dirigentes de la IV Internacional dieron frente a la guerra mundial pruebas de una carencia de internacionalismo, cuyas consecuencias últimas serían la esterilidad ideológica y el acercamiento al stalinismo. No sólo la revolución española, sino también los importantísimos acontecimientos de la guerra i la post-guerra desfilaron ante ellos sin más consecuencia que acentuar su ineptitud.

Desde los primeros síntomas de degeneración ideológica, el grupo español en México de la IV Internacional se alzó vigorosamente contra ella, al mismo tiempo que acometía un amplio trabajo de interpretación de los acontecimientos mundiales y de la revolución española en particular 2. Sordos y estultos, los organismos dirigentes impidieron que información, críticas y proposiciones llegasen a la base de todos los partidos, excluyendo deliberadamente la posibilidad misma de la discusión. En el primer congreso de la post-guerra, 1948, la sección española rompió con la IV Internacional acusándola de abandono del internacionalismo y de curso pro-stalinista. Poco tiempo después, y sobre las mismas bases, rompía también con ella Natalia Sedova-Trotzky, que desde 1941 estuvo a nuestro lado 3.

La situación del proletariado mundial ha ido empeorando sin cesar desde el aniquilamiento de le revolución española. Continuamente empujado a apoyar causas reaccionarias tildadas de libertadoras, ideológicamente estafado día a día en todos los países, ese proletariado se encuentra amordazado y encuadrado por organizaciones esclavizantes. La humanidad entera, por el sólo hecho de hallarse sometida al terror termonuclear de allende y aquende del telón de hierro, vive una situación degradante, sin desembarazarse de la cual todo devenir la envilecerá. Así, la sociedad capitalista, consustancial a la guerra de clases y la guerra inter-naciones, alcanza el grado de desarrollo en que su simple continuidad destruye al hombre, a menos que el hombre dé cuenta de ella. Cifra de la rebelión de la humanidad, la del proletariado frente a capital y trabajo asalariado es sólo susceptible de trastocar tan bajuna condición y encender la alborada del ensueño revolucionario, factor histórico materialista entre todos primordial.

Están, sin embargo, lejos de bastar para tal embate las ideas concretas de la revolución rusa, que el Programa de Transición recoge. Escrito por León Trotzky en 1937-38, cuando todavía no se perfilaba bién la significación del período que abre la derrtota de la revolución española, ese programa revélase hoy, más que insuficiente, susceptible de propiciar oportunismos frente a la contrarrevolución stalinista y sus hijuelas. Ha caducado de igual manera que, en 1917, el programa anterior de Lenin. Sin superarlo con arreglo a la experiencia, a las condiciones objetivas surgentes del rotar capitalista y a las posibilidades subjetivas del proletariado en pleno ardor revolucionario, éste no conseguirá triunfar en parte alguna y cualquier movimiento insurrecccional será aplastado por los falsarios.

A obviar tal carencia ideológica se emplea el presente Manifiesto, que inspira nuestra actividad en España e internacionalmente. Nos dirigimos a todos los grupos y organizaciones del mundo que ven la misma necesidad de revolución socialista en el bloque oriental y en el occidental. Les invitamos a meditar las ideas aquí expuestas. El renacimiento de una organización obrera en escala planetaria exige la ruptura con numerosos atavismos y un pensamiento en permanente inventiva. Estamos dispuestos a discutir públicamente cuanto exponemos con cualquier grupo cuya actividad práctica y teórica muestre su apego a la revolución. Pero desdeñaremos aquellos en que el diletantismo domina, mal que pretendan acogerse totalmente o en parte a nuestras ideas. El intelecto revolucionario « no es una pasión cerebral, sino el cerebro de la pasión » (Karl Marx), y como tal reclama algo muy diferente de escarceos literantes o protestas sólo mentales. Todo diletantismo es una reverberación del mundo contra el cual nos batimos.

Nos queda por notificar que algunas partes de nuestro Manifiesto fueron publicadas en 1949 con el título El Proletariado frente a los dos bloques, bajo la responsabilidad de una agrupación de vida efímera llamada Unión Obrera Internacional. Pero tanto aquella versión sucinta como la actual son elaboración ideológica y redacción de Benjamín Péret y G.Munis como militantes de Fomento Obrero Revolucionario, cuyo orígen és la sección española de la IV Internacional. En plena revolución de 1936, en México aún bajo la amenaza de los asesinos de Stalin, en España otra vez desafiando la represión franquista, Benjamín Péret no cejó un solo instante el combate a nuestro lado. Es éste lugar apropiado para recordar al amigo, revolucionario, poeta cuya pluma trasluce aquí y allí en este Manifiesto.

G.Munis

Paris, 1965.

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